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Matehuala.- Pocos son los artesanos que aún se dedican a la elaboración de las calaveras de dulce y los que sobreviven trabajan con el fin de que no se pierda la tradición, no tanto por la ganancia económica.
Uno de los sobrevivientes es el señor Juan Antonio Chávez Nava, quien heredó de su padre este trabajo con el que lleva cerca de 30 años elaborando este dulce que se prepara cada año para las celebraciones de Día de Muertos.
Su taller se ubica en la calle de Independencia, en el centro de la ciudad, lugar donde realiza su trabajo siempre en la grata compañía de su esposa quien en todo momento lo ha apoyado en ese trabajo que es muy laborioso.
Primero se deben tener los moldes de los cráneos, preparar las calacas bien sean de azúcar o de leche, pero a cualquiera de las dos hay que darle el punto final que es de pasta y checar que no quede floja la pasta o que se pase de dureza. Tiene que estar en el punto exacto, señala el artesano.
En este año, don Juan Antonio inició este trabajo desde hace un mes para atender los pedidos que le hacen no solo de esta ciudad, sino que tiene clientes de muchos años de Doctor Arroyo, Nuevo León, Cedral, Charcas y últimamente hay un cliente que vino de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, señaló.
Dice el artesano que una vez que estén las calaveras de azúcar empieza la decoración que consiste en pintarlas a mano. En los ojos se les pone lentejuelas al igual las calaveras de leche también llevan su decoración para después empaquetarlas.
Anteriormente se ponía afuera de los panteones con sus calaveras, pero ahora como tiene pedidos, la carga de trabajo ya no se lo permite y mejor su hijo realiza la venta de los deliciosos dulces.
“Vienen de varias escuelas a comprar para la elaboración de los altares e incluso hay quienes compran para enviar a sus familiares que tienen en Estados Unidos y quienes no se olvidan de lo nuestro”, apunta el artesano.
Hay calaveras desde seis pesos, medianas de diez, grande de quince y la extra grande está en veinticinco pesos.
Reconoce que para terminar la celebración “hasta rematamos la noche del 2 de noviembre en las afueras del panteón, aunque este trabajo es muy matado”.
Chávez Nava dice que ojalá que no se pierda la tradición de la elaboración de los dulces tradicionales y que las nuevas generaciones aprenderán de sus padres o de sus familiares a usarlos en los altares porque esto es una cadena que tiene que continuar, concluyó.
Uno de los sobrevivientes es el señor Juan Antonio Chávez Nava, quien heredó de su padre este trabajo con el que lleva cerca de 30 años elaborando este dulce que se prepara cada año para las celebraciones de Día de Muertos.
Su taller se ubica en la calle de Independencia, en el centro de la ciudad, lugar donde realiza su trabajo siempre en la grata compañía de su esposa quien en todo momento lo ha apoyado en ese trabajo que es muy laborioso.
Primero se deben tener los moldes de los cráneos, preparar las calacas bien sean de azúcar o de leche, pero a cualquiera de las dos hay que darle el punto final que es de pasta y checar que no quede floja la pasta o que se pase de dureza. Tiene que estar en el punto exacto, señala el artesano.
En este año, don Juan Antonio inició este trabajo desde hace un mes para atender los pedidos que le hacen no solo de esta ciudad, sino que tiene clientes de muchos años de Doctor Arroyo, Nuevo León, Cedral, Charcas y últimamente hay un cliente que vino de la ciudad de Guadalajara, Jalisco, señaló.
Dice el artesano que una vez que estén las calaveras de azúcar empieza la decoración que consiste en pintarlas a mano. En los ojos se les pone lentejuelas al igual las calaveras de leche también llevan su decoración para después empaquetarlas.
Anteriormente se ponía afuera de los panteones con sus calaveras, pero ahora como tiene pedidos, la carga de trabajo ya no se lo permite y mejor su hijo realiza la venta de los deliciosos dulces.
“Vienen de varias escuelas a comprar para la elaboración de los altares e incluso hay quienes compran para enviar a sus familiares que tienen en Estados Unidos y quienes no se olvidan de lo nuestro”, apunta el artesano.
Hay calaveras desde seis pesos, medianas de diez, grande de quince y la extra grande está en veinticinco pesos.
Reconoce que para terminar la celebración “hasta rematamos la noche del 2 de noviembre en las afueras del panteón, aunque este trabajo es muy matado”.
Chávez Nava dice que ojalá que no se pierda la tradición de la elaboración de los dulces tradicionales y que las nuevas generaciones aprenderán de sus padres o de sus familiares a usarlos en los altares porque esto es una cadena que tiene que continuar, concluyó.








