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In-D: ¡Habemus freak!

Por Daniel Tristán

Noviembre 29, 2023 09:40 a.m.

A

De vez en cuando me da por ponerme a pensar. De entre esos pensamientos me cayeron algunos veintes. De entre esos veintes hay uno en particular que he adoptado como ley de vida: Si uno no quiere envejecer tiene que obligarse a escuchar nueva música. Hay que succionar juventud del ruido que las nuevas generaciones están produciendo y dejar que los treintas sean los nuevos veintes. Que nos guste o no la música que suena hoy en día ya es otro tema, pero al menos uno se mantendrá con color en las mejillas y el semblante más o menos fresco.

Fue en una de esas búsquedas que una noche brincó de entre el océano de propuestas musicales que hay en plataformas digitales una que particularmente me llamó la atención. Un tal Kim Dracula, le di play a un par de canciones. “Drown” y “Make Me Famous” sonaron en mis audífonos y me atraparon inmediatamente. Música salvaje y desenfrenada, de esa música que sirve muy bien como catalizador del caos. Para cuando escuché “The Bard’s Last Note” no pude evitar googlear el nombre del intérprete, pues tenía que ponerle rostro a esto que estaba escuchando.

Aparecieron entonces un puñado de imágenes de un rostro andrógino y saturado de maquillaje. Mi mente no atinaba a saber si era hombre o mujer. Junto con esa incógnita llegó entonces un deja vu. Esto ya lo había vivido antes, ya había pasado por este mismo momento de eureka derivado del descubrimiento de un ente tan difícil de comprender y definir como Kim Drácula.

¡¿Qué clase de Marilyn Manson es este?!, atiné a decir cuando la mente acomodó todas las piezas en su lugar. Ya había vivido esta misma experiencia a finales de los noventas cuando tenía diez años y descubrí el “Antichrist Superstar” de Manson. La misma sensación de estar ante lo prohibido, de no saber si se trata de hombre, mujer o quimera. La misma sensación que seguramente experimentaron nuestros padres cuando descubrieron  a Marilyn Manson. ¡¿Qué clase de Alice Cooper es este?!, seguramente exclamaron ellos.

Y es que bien dicen que quien no conoce su historia está condenado a repetirla, que no hay nada nuevo bajo el sol. Si bien la música de Kim Dracula me resulta propositiva no es más que un refrito de Manson, así como Manson lo es de Cooper.

¿Será entonces que estamos condenados a repetir la misma fórmula eternamente? ¿Será que todas las herramientas tecnológicas que tenemos hoy en día no han logrado sumarle nada a la industria musical?

Pareciera que todas las facilidades con las que cuentan los músicos actualmente están siendo brutalmente desperdiciadas. Miro alrededor y percibo un estancamiento creativo, un uso irresponsable de las herramientas que hoy en día permiten a cualquier persona grabar un álbum en la sala de su casa. Con todos estos recursos a su alcance las generaciones de hoy en día están replicando lo que hicieron los músicos décadas atrás.

Actualmente se le han dado tantas facilidades a los músicos que no han sabido qué hacer con tanta libertad. Solo han repetido lo que hicieron las generaciones que los preceden. Muy poco se ha aprovechado el desarrollo tecnológico para la generación de nuevos conceptos e ideas musicales. Seguimos cometiendo los mismos errores, sólo que ahora lo hacemos de manera más sofisticada. No hemos dejado de equivocarnos, simplemente aprendimos a equivocarnos más rápido y mejor.

Escuchar a Kim Dracula puede resultar placentero, igual de placentero que ver la segunda, quinta o novena secuela de “Rápido y Furioso”. Escuchar a Kim Dracula es poner a temblar a los guardianes de las buenas costumbres tal como lo hizo Marilyn Manson y Alice Cooper. Ahora surge de entre las plataformas digitales la figura del enemigo público número uno, del encargado de ponerles los pelos de punta a los mochos a base de gritos y guitarrazos. Ahora nos toca presenciar un cambio de estafeta y ver cómo Kim Dracula toma las riendas para llevarnos a recorrer una vez más el mismo camino musical que sus antecesores. Señoras y señores, abróchense los cinturones porque el patrimonio musical de los inadaptados ya tiene nuevo nombre y apellido. Señoras y señores, abran paso a Kim Dracula, pues viene pisando fuerte. Señoras y señores, una vez más… ¡Habemus freak!