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¡Una “cheve” Pa’ la “salú!”
Ahora insisto y pregunto: ¿a quién no le gusta la mexicana alegría? A todos, estimados contlapaches, pues en la vida decir “salud” es casi imprescindible, puesto que convivir con los amigos, con los familiares, con los conocidos y aun con los detestables políticos, es una exigencia de la vida moderna.
En las actividades sociales, brindar es ineludible. Bebe el gobernante y el gobernado, levantan su copa los médicos, los abogados, los ingenieros, los contadores y los obreros; la cerveza es como agua corriente para muchos deportistas; ¿cómo dejar una reunión de damas sin llevarse unos cuantos cocteles entre pecho y espalda? Beber licor es quizá el más popular “deporte del hombre”… y de las mujeres.
Por allí dicen que abogados y periodistas sostenemos una enconada lucha por el primer lugar en eso de disfrutar de la “agüita” de las ¡verdes matas! Y conste: en mi gremio hay muchos periodistas-abogados, o abogados-periodistas, como usted quiera poner el orden de las palabras.
El tema lo traigo a colación por el hecho de que uno de los jugadores de futbol más reconocidos, Carlitos “El Gullit” Peña, tiene la costumbre de rehidratarse con unas cuantas “cervatanas” bien frías tras los intensos entrenamientos a que lo somete el inefable Pedrito Caixinha, su técnico en la “cruzazuleada” Máquina cementera.
Muchos futbolistas beben en menor o mayor cuantía: lo hacen los entrenadores y los directivos ¿o no? Pero a la hora de la verdad, cuando el equipo salta a la cancha a “partirse la femoral” en busca del triunfo, los jugadores van frescos, enteros a bordar lo mejor de su futbol.
Gente tan valiosa para este deporte, como Luis Amuchástegui, aquel finísimo jugador militante de nuestro equipo potosino, era más que aficionado a las bebidas espirituosas. ¿Y quién jugaba mejor que él? Lástima que su vida concluyera en un absurdo accidente de tránsito, pues dicen los que saben que fue arrollado cuando daba rienda suelta a su báquica afición.
¿Recuerdan a aquel brasileño apodado Bidón”? Militaba en el equipo de nuestros amores, cuya casaca azul y oro era el distintivo futbolero. Decían que le encantaba el mitote rociado con licores diversos y que muchas veces llegaba al partido llevando “media estocada” en todo lo alto. Pero –se afirmaba en aquellos buenos años futboleros—así “medio persa” ¡jugaba mejor! Cosas veredes…
En los días gloriosos del “Coloso de Alamitos” (Estadio Plan de San Luis) varios integrantes del equipo profesional de futbol, convertían los arcos del inmueble en alegres cervecerías. Salían de sus prácticas y la “biela” bien fría era obligada para refrescar sus cansados organismos. Allí dejaban un tiradero de latas vacías. Y nadie les dijo algo en contra.
Que el “Gullit” adquiera un “six” tras la extenuante práctica, no quiere decir que su estado normal sea “a medios chilaquiles”. Una cerveza, como medida de moderación, es hasta medicinal. O que un cervecero me diga lo contrario.
Ahora hasta las damas están tratando de desbancarnos del liderato de bebedores. En mi bar favorito muchas veces hay más mujeres que quienes hemos sido clientes asiduos a la “institución bancaria” de la calle de Morelos.
Bebe el deportista y el cronista deportivo: beben los entrenadores y “chupan” alegremente los aficionados en el graderío. Si su equipo mete gol ¡salud! Y si pierde, también ¡salud! pues la alegría de convivir con los amigos es simplemente tonificante.
Los médicos generales, especialistas, expertos en medicina preventiva, también se “empluman” sus “alipuses” para sentir la mexicana alegría inundándoles el pecho. Así que no hay que hacer grande el caso de Peña, el futbolista, no el gobernante. Déjenlo rehidratarse como a él le dé la venga… pero eso sí, sin excederse en el fresco rocío de la cerveza.
Así las cosas ¡salud! y hasta el martes próximo, DM.
Ahora insisto y pregunto: ¿a quién no le gusta la mexicana alegría? A todos, estimados contlapaches, pues en la vida decir “salud” es casi imprescindible, puesto que convivir con los amigos, con los familiares, con los conocidos y aun con los detestables políticos, es una exigencia de la vida moderna.
En las actividades sociales, brindar es ineludible. Bebe el gobernante y el gobernado, levantan su copa los médicos, los abogados, los ingenieros, los contadores y los obreros; la cerveza es como agua corriente para muchos deportistas; ¿cómo dejar una reunión de damas sin llevarse unos cuantos cocteles entre pecho y espalda? Beber licor es quizá el más popular “deporte del hombre”… y de las mujeres.
Por allí dicen que abogados y periodistas sostenemos una enconada lucha por el primer lugar en eso de disfrutar de la “agüita” de las ¡verdes matas! Y conste: en mi gremio hay muchos periodistas-abogados, o abogados-periodistas, como usted quiera poner el orden de las palabras.
El tema lo traigo a colación por el hecho de que uno de los jugadores de futbol más reconocidos, Carlitos “El Gullit” Peña, tiene la costumbre de rehidratarse con unas cuantas “cervatanas” bien frías tras los intensos entrenamientos a que lo somete el inefable Pedrito Caixinha, su técnico en la “cruzazuleada” Máquina cementera.
Muchos futbolistas beben en menor o mayor cuantía: lo hacen los entrenadores y los directivos ¿o no? Pero a la hora de la verdad, cuando el equipo salta a la cancha a “partirse la femoral” en busca del triunfo, los jugadores van frescos, enteros a bordar lo mejor de su futbol.
Gente tan valiosa para este deporte, como Luis Amuchástegui, aquel finísimo jugador militante de nuestro equipo potosino, era más que aficionado a las bebidas espirituosas. ¿Y quién jugaba mejor que él? Lástima que su vida concluyera en un absurdo accidente de tránsito, pues dicen los que saben que fue arrollado cuando daba rienda suelta a su báquica afición.
¿Recuerdan a aquel brasileño apodado Bidón”? Militaba en el equipo de nuestros amores, cuya casaca azul y oro era el distintivo futbolero. Decían que le encantaba el mitote rociado con licores diversos y que muchas veces llegaba al partido llevando “media estocada” en todo lo alto. Pero –se afirmaba en aquellos buenos años futboleros—así “medio persa” ¡jugaba mejor! Cosas veredes…
En los días gloriosos del “Coloso de Alamitos” (Estadio Plan de San Luis) varios integrantes del equipo profesional de futbol, convertían los arcos del inmueble en alegres cervecerías. Salían de sus prácticas y la “biela” bien fría era obligada para refrescar sus cansados organismos. Allí dejaban un tiradero de latas vacías. Y nadie les dijo algo en contra.
Que el “Gullit” adquiera un “six” tras la extenuante práctica, no quiere decir que su estado normal sea “a medios chilaquiles”. Una cerveza, como medida de moderación, es hasta medicinal. O que un cervecero me diga lo contrario.
Ahora hasta las damas están tratando de desbancarnos del liderato de bebedores. En mi bar favorito muchas veces hay más mujeres que quienes hemos sido clientes asiduos a la “institución bancaria” de la calle de Morelos.
Bebe el deportista y el cronista deportivo: beben los entrenadores y “chupan” alegremente los aficionados en el graderío. Si su equipo mete gol ¡salud! Y si pierde, también ¡salud! pues la alegría de convivir con los amigos es simplemente tonificante.
Los médicos generales, especialistas, expertos en medicina preventiva, también se “empluman” sus “alipuses” para sentir la mexicana alegría inundándoles el pecho. Así que no hay que hacer grande el caso de Peña, el futbolista, no el gobernante. Déjenlo rehidratarse como a él le dé la venga… pero eso sí, sin excederse en el fresco rocío de la cerveza.
Así las cosas ¡salud! y hasta el martes próximo, DM.







