El Pibe en pulso

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Ni medallas ni resultados

Revisaba afanosamente mi “feis” la mañana de ayer lunes y de pronto apareció una foto de los gloriosos basquetbolistas mexicanos ganadores de la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos Hitlerianos de 1936. Mi máquina del tiempo (todos la tenemos en nuestro cerebro) me hizo volver a los días triunfales del basquetbol olímpico mexicano y por supuesto me dio tema para la columna que hoy les ofrezco.

Once mexicanos de buena estatura, pero muy lejos de asemejarse a la soñada “raza aria” del gobernante alemán que se distinguió por su brutalidad al desatar la Segunda Guerra Mundial en el año 1939 y cuyo término volvió a alegrar a la humanidad en 1945.

Ustedes, mayorcitos de edad, seguramente han oído, leído o se han enterado de la hazaña basquetbolera mexicana cuando el deporte ráfaga irrumpió en los Juegos Olímpicos escenificados en la meritita capital germana en aquel inolvidable 1936. El tema de hoy es orientador para quienes aún jóvenes, saben mucho de tecnología, pero poco de historia deportiva mexicana. Por eso, la columna del Pibe se enriquece hoy con la hazaña de bronce de nuestros basquetbolistas.

En una vieja cancha de tenis adaptada para el baloncesto, deporte que por primera vez se jugaba en una Olimpíada, los duelos de México fueron extraordinarios, a pesar de las derrotas ante Filipinas y ante el poderoso equipo de los Estados Unidos, en la etapa semifinal del torneo.

 ¿Quiénes mostraron en su pecho orgulloso la medalla de bronce? Rodolfo Choperena, Raúl Fernández, Silvio Hernández del Valle, Francisco Martínez Cordero, Jesús Olmos, Hugo y Carlos Borja, Greer Skaussen, Andrés Gómez y surgidos de San Luis Potosí, José Pamplona Lecuaanda e Ignacio de la Vega, comandados por el genial Alfonso Rojo de la Vega.

Nuestra Selección planteó un esquema defensivo muy eficaz ante la quinteta del Tío Sam, pues en este desafío, los gringuitos no pudieran llegar a 30 puntos, como lo habían demostrado ante sus anteriores rivales que dejaron en el camino.  El resultado 25 a 10. Dicen las viejas crónicas que la quinteta de México no anotó ningún tiro de 2 puntos. Los diez que logró fueron desde la línea de foul.

Como quiera que sea, los nuestros tuvieron que enfrentar al equipo de Polonia, al que derrotaron en el juego por el 3er lugar, con marcador de 26 a 12, bajo una pertinaz llovizna. Y este gran resultado abrió paso a la broncínea gloria. Las participaciones de México en los Juegos Olímpicos ya jamás aportaron medallas y vean por qué:

En 1948 ocupó el cuarto lugar; en 1952 noveno; en 1956, no asistió; en 1950, no participó; en 1960, décimosegundo; otra vez 12º en 1964; luego en la relevante Olimpiada mexicana de 1968, nuestro equipo pudo conquistar el 5º puesto. Vinieron los Juegos de 1972 y México no clasificó; y en 1976 se ubicó en el 10º peldaño.

Luego vino la época negra del basquetbol mexicano, pues no pudo participar en las siguientes Olimpiadas: 1980, 1984, 1988, 1992, 1996, 2000, 2004, 2008, 2012 y 2016. A ver qué pasa con la siguiente cita. Ya es necesario, urgente, indispensable, que el baloncesto mexicano se haga presente en los Juegos, para demostrar que tras ese prolongado ayuno, está listo para competirle a cualquier “jorocón” del basquet internacional.

Para concluir, un amigo me ha preguntado: ¿Quién ha sido el mejor basquetbolista mexicano?  Unos dicen que Manuel Raga, otros que Arturo “Mano Santa” Guerrero. También está Gustavo Ayón en la lista de los preferidos por el público. Usted ¿por quién se inclina?

A sí las cosas, hasta el martes próximo, DM.

Comentarios: miguelmoramartinez@hotmail.com