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AUGUSTA, Georgia, EE.UU.-Tal vez sea culpa de una generación que cree que nada ha sido tan grande como lo que acaba de suceder.
Tal vez fue el complicado verano, y nada derrite los fríos recuerdos como el aroma de las azáleas, los cornejos y Rae’s Creek. Tampoco está de más que todos los mejores jugadores, tan jóvenes como Jon Rahm de 23 años, o tan experimentados como Phil Mickelson, de 47, estén ganando torneos y alcanzando su mejor nivel.
La competencia es tan intensa que hay cuatro jugadores con la posibilidad de llegar al número uno del mundo.
“Este es mi 42mo segundo Masters”, dijo el presidente del club, Fred Ridley, el miércoles. “Nunca había estado en una semana en la que hubiera tal expectativa”.
Pero el motivo real de tanto alboroto respecto a que esta edición pueda ser la mejor de la historia, se resume a un solo jugador: Tiger Woods.
En San Diego y Los Ángeles, en Tampa y Orlando, los aficionados se presentaron en millares cuando Woods volvió a competir después de una cuarta cirugía de espalda y para mostrarse repentinamente como el ganador de 14 Majors capaz de retomar la búsqueda de los 18 grandes que ganó Jack Nicklaus.
Volvió para generar estruendosas ovaciones, dignas de un domingo en el Masters, al conseguir eagles en la segunda mitad de su ronda. Y solo estaba practicando.
Woods definió toda esta expectativa en una sola palabra: Whoa!
“Tengo cuatro rondas por jugar”, declaró. “Así que vamos a calmarnos”.
Tal vez fue el complicado verano, y nada derrite los fríos recuerdos como el aroma de las azáleas, los cornejos y Rae’s Creek. Tampoco está de más que todos los mejores jugadores, tan jóvenes como Jon Rahm de 23 años, o tan experimentados como Phil Mickelson, de 47, estén ganando torneos y alcanzando su mejor nivel.
La competencia es tan intensa que hay cuatro jugadores con la posibilidad de llegar al número uno del mundo.
“Este es mi 42mo segundo Masters”, dijo el presidente del club, Fred Ridley, el miércoles. “Nunca había estado en una semana en la que hubiera tal expectativa”.
Pero el motivo real de tanto alboroto respecto a que esta edición pueda ser la mejor de la historia, se resume a un solo jugador: Tiger Woods.
En San Diego y Los Ángeles, en Tampa y Orlando, los aficionados se presentaron en millares cuando Woods volvió a competir después de una cuarta cirugía de espalda y para mostrarse repentinamente como el ganador de 14 Majors capaz de retomar la búsqueda de los 18 grandes que ganó Jack Nicklaus.
Volvió para generar estruendosas ovaciones, dignas de un domingo en el Masters, al conseguir eagles en la segunda mitad de su ronda. Y solo estaba practicando.
Woods definió toda esta expectativa en una sola palabra: Whoa!
“Tengo cuatro rondas por jugar”, declaró. “Así que vamos a calmarnos”.








