A-AA+
Según los meteorólogos, el mundo está viviendo la ola de calor más larga de los últimos 40 años con temperaturas máximas que han alcanzado, por ejemplo, los 44 grados en Zaragoza, España, los 36 en el aeropuerto londinense de Heathrow, en Londres, o los 39 en la capital francesa.
“Un conductor sometido a una temperatura de 35 grados reacciona un 20% más lento que el mismo conductor a una temperatura de 25 grados. Este riesgo equivale a conducir con una tasa de alcoholemia de 0,5 gramos por litro de sangre”, alerta. Una borrachera de calor, advierte Ángel Suárez, ingeniero del Centro Técnico de SEAT.
Pero también hay que tomar en cuenta el impacto del calor en el auto. Una presión inadecuada en los neumáticos los hace más susceptibles a ponchaduras en días de altas temperaturas. A pleno sol en verano, a 40 grados ºC de temperatura, el pavimento alcanza los 60º y dilata el material de los neumáticos. Además de revisar la presión, es mejor conducir suave, sin frenazos ni movimientos bruscos que literalmente “unten” las ruedas en el asfalto.
Suárez recomienda vigilar “la hidratación del coche”, es decir, revisar y mantener los niveles de aceite y de líquido refrigerante en óptimas condiciones. En cuanto el termómetro supera los 35º, el motor pierde unos 5 caballos-vapor (CV) de potencia y el consumo aumenta hasta un litro cada 100 kilómetros. Todos los motores necesitan jalar aire en los cilindros para que se queme el combustible; caliente, el aire contiene menos oxígeno, la combustión empeora y el rendimiento decae. En los motores con turbo, que necesitan más aire para funcionar, la pérdida puede llegar a 15 CV.
Entrar en auto caliente nos mueve a encender de inmediato el aire acondicionado para reducir el sofocón, un error muy común. “Si abrimos las ventanas durante 30 segundos antes de encender el climatizador, conseguiremos que el primer golpe de calor se disipe de manera natural”, señala el ingeniero. Va primero ventilar el coche previamente antes de encender los sistemas de refrigeración.
En general, con el calor los sistemas de refrigeración se ven más exigidos. El electroventilador tiene que actuar más y resta unos dos CV de potencia al motor. La mayoría de los modelos usa un compresor accionado por el propulsor, lo que hace que se pierdan otros cuatro CV de potencia.
En cada frenada, las pastillas de freno rozan contra el disco y esa fricción genera altas temperaturas. En verano su refrigeración es más complicada, por lo que resulta fácil que se sobrecalienten. En consecuencia, el coche frena menos y los discos pueden deformarse. Lo más recomendable para los autos estándar, en bajadas prolongadas, es frenar con el motor engranando velocidades más bajas.
Si viaja por carretera, se recomienda planificar sus salidas para que no coincidan con las horas centrales del día, hacer una parada para descansar como mínimo cada dos horas y mantenerse hidratados. También es preferible conducir con ropa ligera y transpirable y evitar las comidas pesadas para no dormitar.
Largos periodos bajo el sol arruinan la pintura y el interior del auto. De preferencia, aparque en la sombra y si no es posible, use parasoles en las ventanas y parabrisas para conseguir una temperatura interior menos extrema y que el volante no queme, con lo que ganas en comodidad y seguridad para conducir. De paso, así proteges los plásticos y revestimientos de a bordo.








