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Debajo de una densa, compacta y espesa capa de cenizas se esconde lo que algún día fue color. Lo que algún día fue vida. Ahora son toneladas de pavesas y lava que durante horas expulsó el volcán de Fuego las que ocultan la posibilidad de encontrar a alguien con vida en Guatemala.
Con los primeros rayos de sol los equipos de rescate salen a la búsqueda de supervivientes. En las caras de los integrantes de las brigadas de rescate se ve el terror. El horror. Saben que la cifra mortal aumentará conforme vayan pasando las horas.
Y eso sí no lo podrán evitar. Solo encontrar a alguien con vida dará aliento a estos héroes a continuar con una de las tareas más complicadas y duras. Apartar escombros y buscar a alguien que responda “sí” cuando preguntan “¿Hay alguien?”.
Con sus propias manos y a veces apoyados con palas, las brigadas de búsqueda escarban en las toneladas de ceniza y arena que arrojó el temible volcán .
Levantan láminas de los techos en busca de sobrevivientes. Han encontrado animales domésticos y perros quemados.
Y es que el flujo piroclástico que descendió del cráter del volcán ubicado entre los límites de los departamentos de Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez alcanzaron hasta los 700 grados de temperatura. Un infierno.
Todas las barrancas de hasta 80 metros de profundidad que existen en el volcán de Fuego están llenas de material. Son como una olla de presión a punto de explotar. Y la peor amenaza lo representan las lluvias que pueden ocasionar una nueva avalancha.
“Vámonos. Viene la avalancha” eran los gritos de varios habitantes el domingo cuando la furia de la lava arrasaba con todo a su paso.
El volcán de Fuego lanza una pequeña explosión. La calma con la que ha amanecido no deja siquiera imaginar que hace unas horas vivió una de las mayores erupciones de los últimos años.
Con los primeros rayos de sol los equipos de rescate salen a la búsqueda de supervivientes. En las caras de los integrantes de las brigadas de rescate se ve el terror. El horror. Saben que la cifra mortal aumentará conforme vayan pasando las horas.
Y eso sí no lo podrán evitar. Solo encontrar a alguien con vida dará aliento a estos héroes a continuar con una de las tareas más complicadas y duras. Apartar escombros y buscar a alguien que responda “sí” cuando preguntan “¿Hay alguien?”.
Con sus propias manos y a veces apoyados con palas, las brigadas de búsqueda escarban en las toneladas de ceniza y arena que arrojó el temible volcán .
Levantan láminas de los techos en busca de sobrevivientes. Han encontrado animales domésticos y perros quemados.
Y es que el flujo piroclástico que descendió del cráter del volcán ubicado entre los límites de los departamentos de Escuintla, Chimaltenango y Sacatepéquez alcanzaron hasta los 700 grados de temperatura. Un infierno.
Todas las barrancas de hasta 80 metros de profundidad que existen en el volcán de Fuego están llenas de material. Son como una olla de presión a punto de explotar. Y la peor amenaza lo representan las lluvias que pueden ocasionar una nueva avalancha.
“Vámonos. Viene la avalancha” eran los gritos de varios habitantes el domingo cuando la furia de la lava arrasaba con todo a su paso.
El volcán de Fuego lanza una pequeña explosión. La calma con la que ha amanecido no deja siquiera imaginar que hace unas horas vivió una de las mayores erupciones de los últimos años.








