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Escombros y destrucción dominan el campo de refugiados de Yenín, que entierra a sus jóvenes milicianos

Por EFE

Julio 05, 2023 09:12 a.m.

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Foto: AP

Foto: AP

YENÍN, Cisjordania (EFE).- El cuerpo de Ali al Ghoul, un miliciano de 17 años muerto en choques con fuerzas israelíes en la dura operación militar de estos dos días, salió hoy de su casa entre el llanto de su madre y hermana, que le dieron el último adiós. 

Iba cargado en una camilla hacia su destino final en el cementerio del campo de refugiados de Yenín, lleno de escombros y destrucción.

Entre calles destruidas, inmuebles derruidos, cristales rotos, coches calcinados, restos de neumáticos quemados e inmuebles con restos de metralla, parientes y amigos del adolescente llevaron su cadáver a la morgue del Hospital Gubernamental de Yenín envuelto en una bandera del grupo islamista Hamás, al que pertenecía.

Miles de personas esperaban allá para unirse en un largo cortejo fúnebre con los cadáveres de Ghoul y de los otros once "mártires" que murieron en los combates entre milicianos palestinos y tropas israelíes de los últimos dos días, la ofensiva más dura de Israel en Cisjordania ocupada desde la Segunda Intifada, que ha recurrido a los ataques aéreos por primera vez en dos décadas. 

Ha sido el funeral más multitudinario en Yenín desde entonces, dijeron a EFE varios asistentes, entre disparos al aire de milicianos con pasamontañas y consignas contra Israel. Todos marchaban con un aire de cierta conmoción, pero también de resignación tras más de un año donde las incursiones israelíes dejaron decenas de muertos en Yenín.

CASAS DESTRUIDAS

El portavoz del Ayuntamiento de Yenín, Bashir Matahen, indicó a EFE que unas 300 casas del campo quedaron totalmente destruidas y entre 400 y 500 sufrieron daños materiales, lo que deja a muchos vecinos en una situación de incertidumbre. 

Uno de los barrios que sufrieron mayores daños fue Al Damej, donde su mezquita quedó arrasada por proyectiles y balas del Ejército israelí, en combates con milicianos que estaban dentro del templo, donde también había un túnel usado por los grupos armados. 

"Tenemos el corazón partido", comentó a EFE Yousef Hijjazi, vecino del campo de refugiados de 58 años que repartía botellas de agua a residentes tras volver a su casa ayer por la noche. Él, igual que otros 4.000 habitantes del campamento -donde viven unas 20.000 personas- huyeron por los fuertes combates y hoy regresaron, esperando encontrar sus viviendas en pie.

Uno de los que volvió también horas atrás era Raed, un adulto que participaba en las tareas de reparación de la infraestructura eléctrica del campo, muy dañada por los combates, agregó a EFE.

"No había visto tal nivel de destrucción en el campo desde 2002", comentó a EFE, mientras operarios intentaban cambiar los cables de un poste eléctrico al lado de un centro médico de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos (UNRWA), que también seguía sin luz.

A medio día, muchas viviendas seguían sin electricidad ni agua y no se espera que el servicio se vaya recuperando hasta la tarde o noche, por lo que los cinco hijos de Raed y su mujer aún no habían vuelto a casa. 

A este vecino palestino y muchos otros les venía a la mente imágenes de hace 21 años de la última gran ofensiva militar israelí contra las milicias de Yenín en abril de 2002, en plena Segunda Intifada (2000-2005), que dejó gran parte del campo destruido tras diez días de combates, además de 52 palestinos y 23 soldados israelíes muertos.

NUEVA GENERACIÓN DE MILICIANOS

Dos décadas después ha surgido otra generación de milicianos, esta vez unidos en la Brigada de Yenín, un grupo que integra a milicianos de varias facciones políticas y que se creó hace apenas un año, en un contexto de recrudecimiento del conflicto palestino-israelí. 

En su reciente operación, Israel los ha querido cortar de raíz con mil soldados -uno de ellos murió anoche- y ataques aéreos desde drones, en una operación a gran escala que no será aislada, según el primer ministro, Benjamín Netanyahu.

Pero "la muerte es habitual" en Yenín, señaló a EFE Aboul Hafed, otro vecino del campo, en cuyas calles hay cada vez más fotos de "mártires", convertidos en héroes entre los más jóvenes, que también alzan las armas.

Hoy se les veía enmascarados por la vía pública, donde el gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) y sus fuerzas de seguridad han perdido no sólo el control, sino también apoyo y legitimidad en favor de las milicias, cada vez más dominadas por grupos extremistas como Hamás o la Yihad Islámica.

Esto se vio en el funeral, cuando asistentes gritaron "¡fuera, fuera!" contra altos cargos de la ANP y del partido oficialista Fatah del presidente Mahmud Abás, además de atacar con piedras varias veces desde anoche su estación de policía en Yenín.

Con todo, Israel asegura que con la reciente operación acabó con muchas de las capacidades de las milicias, pero analistas consideran que esto será solo un respiro temporal, que no dará tranquilidad a largo plazo, a menos que haya un horizonte de paz.