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Fátima, Portugal.- Rodeada de niebla y de apenas medio centenar de personas, la Virgen de Fátima ha procesionado un 13 de mayo más en la explanada de su santuario, un vasto recinto que acostumbra acoger a 200.000 personas pero que este año, vacío por coronavirus, parece haber multiplicado su tamaño.
Nunca hubo tan poca gente en Fátima en esta fecha de conmemoración de la aparición de la virgen que, según la tradición, se produjo ante tres niños pastores hace ya 103 años.
Tampoco tanto silencio. Espeso como la niebla que impedía ver el campanario, nadie lo rompió durante la jornada, ni siquiera en el momento de ingresar al recinto, vigilado por la Guardia Nacional Republicana y trabajadores del santuario para evitar que los peregrinos accediesen.
Cada año se reúnen en la peregrinación internacional unas 200.000 personas, muchas de ellas venidas de todo el mundo por su fe ante la imagen de “Nossa Senhora”, como la llaman los portugueses, que este año debió ser acompañada apenas “espiritualmente” a causa del coronavirus.
Así que la peregrinación se ha realizado sin peregrinos por primera vez en la historia de Fátima. Siempre en exteriores, en la capilla de las apariciones y en un altar a los pies del templo, se ha oficiado una misa a la que se ha permitido acudir sólo a aquellos con un papel en las ceremonias.
También hubo sillas para una veintena de representantes de las diócesis y, durante la procesión de la imagen de Fátima hasta el altar, donde se realizó la misa, se reservó lugar para representantes de los “cuidadores” en esta pandemia: médicos, enfermeros, asistentes, bomberos y trabajadores de residencias de ancianos.
“Es posible que muchos piensen que esta peregrinación es triste, porque falta colorido y la multitud de años anteriores”, ha destacado durante la homilía el obispo António Marto, quien ha dicho que este año atípico da la oportunidad de “aprender cómo es una peregrinación en estado puro”.
Por su parte, el papa Francisco envió un mensaje al santuario portugués: “Hoy conseguimos, a través solo del alma y del corazón, conectar con la Virgen María; ¡y somos limitados! Tan limitados, tan pequeñitos, que un inesperado virus pudo fácilmente trastornar todo y a todos”, reza el mensaje del pontífice.








