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Italia, la tercera economía de la eurozona, inicia 2018 en plena campaña electoral, aunque en un clima político de incertidumbre sobre quien gobernará el país tras los comicios generales previstos para el próximo 4 de marzo.
Según los sondeos realizados por ocho institutos entre el 18 y el 24 de diciembre pasado, el Movimiento 5 Estrellas (M5S) del cómico Beppe Grillo -que tiene como candidato al gobierno a Lugi Di Maio- está a la cabeza con entre 25.7 y 29 por ciento de las preferencias.
En segundo lugar aparece el gubernamental Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi, con entre 22.8 y 26 por ciento, pero cada día más aislado tras la escisión que llevó al nacimiento del nuevo partido Libres e Iguales y sin acuerdo para aliarse con los Radicales de Emma Bonino.
En tercer puesto está el derechista Forza Italia de Silvio Berlusconi, con entre 4.8 y 17.5 por ciento de las preferencias, seguido por la xenófoba Liga del Norte de Matteo Salvini, con entre 12.1 y 14.5 por ciento y por el partido Libres e Iguales, (izquierda) que tiene como candidato al presidente saliente del Senado, Pietro Grasso, con entre 6.4 y 7.9 por ciento.
Más abajo figura, con entre 5.0 y 5.4 por ciento de las preferencias, el derechista partido Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni.
Por bloques, sin embargo, es la derecha (Forza Italia, la Liga del Norte y Fratelli d’Italia) la que encabeza los sondeos, pese a las diferencias entre Berlusconi (inhabilitado para presentarse como candidato) y Salvini, que ha puesto a la propaganda contra los inmigrantes al centro de su propuesta política.
Los italianos acudirán a votar con una nueva ley electoral que prevé que 36 por ciento de los asientos, tanto de la Cámara de Diputados como del Senado, sean asignados a través de un sistema mayoritario de circunscripciones uninominales (cada partido o coalición presentará un solo candidato y el ganador será el más votado).
El 64 por ciento restante de los asientos parlamentarios estará vinculado a un sistema proporcional que favorece las alianzas entre partidos y que penaliza al Movimiento 5 Estrellas, que hasta ahora ha rechazado establecer coaliciones.
Según el analista Stefano Folli, 2018 será para la política italiana el año de las elecciones más inciertas y posiblemente menos resolutivas de la historia republicana y no se descarta una situación de parálisis o ingobernabilidad.
Para Sergio Fabbrini, catedrático de la universidad Luiss de Roma y editorialista del diario Il Sole 24 Ore, las elecciones de 2018 son comparables a las de 1948, en las que el voto popular permitió a Italia mantenerse en el mundo occidental y no pasar al bloque soviético.
“El resultado electoral de 2018 decidirá si Italia continuará formando parte del grupo de países europeos comprometidos en avanzar en el proceso de integración o se convertirá en el ramo meridional de aquellos que la combaten”, dijo en relación a las propuestas del Movimiento 5 Estrellas de abandonar el euro.
En particular, resaltó que no existe ninguna garantía sobre la capacidad de gobierno del candidato de ese movimiento, Luigi Di Maio, de 31 años de edad, sin experiencia laboral o académica y recordó que más bien es conocida la incapacidad de Virginia Raggi, de esa misma formación, como alcaldesa de Roma.
Folli no descarta que ante un resultado electoral en el que ninguna fuerza política alcance 40 por ciento de los votos necesarios para formar un Ejecutivo, sea reeditado el llamado Pacto del Nazareno, que en 2014 permitió una alianza entre Renzi y Berlusconi.
Según los sondeos realizados por ocho institutos entre el 18 y el 24 de diciembre pasado, el Movimiento 5 Estrellas (M5S) del cómico Beppe Grillo -que tiene como candidato al gobierno a Lugi Di Maio- está a la cabeza con entre 25.7 y 29 por ciento de las preferencias.
En segundo lugar aparece el gubernamental Partido Democrático (PD) de Matteo Renzi, con entre 22.8 y 26 por ciento, pero cada día más aislado tras la escisión que llevó al nacimiento del nuevo partido Libres e Iguales y sin acuerdo para aliarse con los Radicales de Emma Bonino.
En tercer puesto está el derechista Forza Italia de Silvio Berlusconi, con entre 4.8 y 17.5 por ciento de las preferencias, seguido por la xenófoba Liga del Norte de Matteo Salvini, con entre 12.1 y 14.5 por ciento y por el partido Libres e Iguales, (izquierda) que tiene como candidato al presidente saliente del Senado, Pietro Grasso, con entre 6.4 y 7.9 por ciento.
Más abajo figura, con entre 5.0 y 5.4 por ciento de las preferencias, el derechista partido Fratelli d’Italia de Giorgia Meloni.
Por bloques, sin embargo, es la derecha (Forza Italia, la Liga del Norte y Fratelli d’Italia) la que encabeza los sondeos, pese a las diferencias entre Berlusconi (inhabilitado para presentarse como candidato) y Salvini, que ha puesto a la propaganda contra los inmigrantes al centro de su propuesta política.
Los italianos acudirán a votar con una nueva ley electoral que prevé que 36 por ciento de los asientos, tanto de la Cámara de Diputados como del Senado, sean asignados a través de un sistema mayoritario de circunscripciones uninominales (cada partido o coalición presentará un solo candidato y el ganador será el más votado).
El 64 por ciento restante de los asientos parlamentarios estará vinculado a un sistema proporcional que favorece las alianzas entre partidos y que penaliza al Movimiento 5 Estrellas, que hasta ahora ha rechazado establecer coaliciones.
Según el analista Stefano Folli, 2018 será para la política italiana el año de las elecciones más inciertas y posiblemente menos resolutivas de la historia republicana y no se descarta una situación de parálisis o ingobernabilidad.
Para Sergio Fabbrini, catedrático de la universidad Luiss de Roma y editorialista del diario Il Sole 24 Ore, las elecciones de 2018 son comparables a las de 1948, en las que el voto popular permitió a Italia mantenerse en el mundo occidental y no pasar al bloque soviético.
“El resultado electoral de 2018 decidirá si Italia continuará formando parte del grupo de países europeos comprometidos en avanzar en el proceso de integración o se convertirá en el ramo meridional de aquellos que la combaten”, dijo en relación a las propuestas del Movimiento 5 Estrellas de abandonar el euro.
En particular, resaltó que no existe ninguna garantía sobre la capacidad de gobierno del candidato de ese movimiento, Luigi Di Maio, de 31 años de edad, sin experiencia laboral o académica y recordó que más bien es conocida la incapacidad de Virginia Raggi, de esa misma formación, como alcaldesa de Roma.
Folli no descarta que ante un resultado electoral en el que ninguna fuerza política alcance 40 por ciento de los votos necesarios para formar un Ejecutivo, sea reeditado el llamado Pacto del Nazareno, que en 2014 permitió una alianza entre Renzi y Berlusconi.







