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Mala sanidad y Gobierno populista: el mortal coctel de la covid en Bulgaria

Por EFE

Diciembre 10, 2020 12:31 p.m.

SOFÍA, Bulgaria (EFE).- Bulgaria, el país más pobre y corrupto de la Unión Europea (UE), tiene una de las mayores incidencias de mortalidad por la covid-19, debido al mal estado de la sanidad pública y al retraso del Gobierno en aplicar medidas, por miedo a perder popularidad.

Medidas demasiado tardías, falta de preparación y planificación para enfrentar la segunda ola de la pandemia y un raquítico sistema sanitario, son algunos de los ingredientes de este coctel mortal, que le ha costado en este país de 7 millones de habitantes la vida a unas 5,300 personas hasta ahora.

La incidencia de mortalidad es actualmente la segunda más alta de la UE, solo por detrás de Eslovenia, con más de 27 fallecidos por cada 100,000 habitantes en 14 días, señala el más reciente dato del Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades (ECDC por sus siglas en inglés).

RETRASO DE LAS AUTORIDADES

Petar Markov, un destacado epidemiólogo de la London School of Hygiene and Tropical Medicine (LSHTM), de origen búlgaro, explica en declaraciones telefónicas a Efe, que la elevada mortalidad se debe al fuerte crecimiento del número de los contagiados, causado por la inacción del Gobierno en octubre y noviembre.

"Es un mecanismo simple en la epidemiología. Este crecimiento es resultado directo del excesivo retraso de las autoridades en declarar un confinamiento y controlar así la difusión del virus", agrega.

Desde mediados de octubre, el país balcánico viene registrando casi a diario un nuevo récord de fallecidos, con un máximo de 221 el pasado 1 de diciembre.

UN GOBIERNO REACIO

Pese a los llamamientos de los expertos a declarar ya en octubre un nuevo confinamiento social y comercial para frenar el crecimiento de los contagios, el Gobierno liderado por primer ministro conservador populista Boris Borisov, fue reacio, no solo por razones económicas, sino también políticas.

Desde principios de julio y durante semanas, miles de personas se echaron cada día a la calles para reclamar la dimisión del Gobierno de Borisov, al que muchos ciudadanos acusan de corrupción y de connivencia con la oligarquía económica.

Según comentaron a Efe fuentes del gobernante partido GERB, el primer ministro se resistió a imponer medidas más duras y restrictivas contra la pandemia porque temía que eso fomentara aún más el descontento popular.

Mientras el Gobierno de Borisov no se cansa de proclamar que está actuando bien y de culpar a la propia población de no respetar las medidas de seguridad sanitaria, la opinión pública se entera por la prensa de un creciente número de casos de personas que fallecen claramente por la falta de atención médica.

MUERTES ESCANDALOSAS

Uno de los casos más escandaloso fue a finales de noviembre la muerte de dos pacientes en las escaleras de un hospital, en la ciudad de Plovdiv, cuando esperaban ser atendidos tras ser trasladadas de otra clínica provincial.

"La situación es complicada, la sociedad no entiende las medidas", aseguró entonces el ministro de Sanidad, Kostadin Anguelov, cirujano de profesión, al anunciar finalmente el cierre de todos los comercios no esenciales y de las escuelas entre el 27 de noviembre y el 21 de diciembre.

Además, se cancelaron todo tipo de eventos públicos, sean deportivos o culturales, mientras que los locales de ocio y los gimnasios ya están cerrados desde finales de octubre.

"Finalmente se han tomado decisiones de expertos en lugar de decisiones políticas", comenta a Efe Vanya Sharkov, una radióloga en el hospital Santa Anna de Sofía.

UN SISTEMA SANITARIO ENFERMO

Según esta doctora, una de las razones de la alta mortalidad en Bulgaria es la propia "enfermedad" del sistema sanitario, que no ha sido reformado en los últimos 30 años, en medio de una enorme fuga de médicos que emigran por centenares cada año a Europa occidental donde ganan mucho más que en su país.

Según datos de la Unión de Médicos Búlgaros, cada año unos 400 doctores solicitan un certificado internacional para poder trabajar en el extranjero, sobre todo en Alemania y el Reino Unido.

Además, miles de enfermeras y otro tipo de personal sanitario abandonan el país cada año.

Sus razones quedan plasmadas en las cifras de salarios: en Bulgaria una enfermera cobra entre 300 y 500 euros por mes, mientras que un médico con especialización recibe unos 750 euros, varias veces menos que sus colegas en Europa occidental.