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Marib, Yemen.- A los 13 años, Mohammed era un combatiente resuelto de los rebeldes houtíes. Adoctrinado en campamentos de los guerrilleros, iba al combate en medio de las balas y los bombardeos. Dice que torturó y mató. No le importaba si vivía o moría.
Lo consolaba el número del brazalete que le habían dado los houtíes, su “número de yijadista”. Si moría, sabía, el brazalete garantizaba que su cuerpo le sería entregado a su familia.
“Cuando sea un mártir, colocarán mi número en una computadora, obtendrán mi foto y mi nombre, la imprimirán y debajo de mi nombre dirá ‘Mártir’”, expresó Mohammed.
Los houtíes incorporaron 18.000 menores a sus filas desde el comienzo de la guerra en el 2014, según reconoció un algo oficial houtí a la Associated Press.
Una cantidad indeterminada de jóvenes combatientes regresaron a sus casas en ataúdes. Más de 6.000 menores murieron o quedaron lisiados en la guerra.
Algunos chicos dijeron que se sumaron a las filas rebeldes por voluntad propia, mayormente porque les prometieron dinero, porque querían portar armas o porque les garantizaban el suministro de qat, una planta estimulante. Otros dicen que los sacaron por la fuerza de sus escuelas o sus casas, o los conminaron a unirse a sus filas a cambio de la liberación de algún familiar apresado.
Kahlan, de 12 años, dijo que los houtíes se los llevaron a él y a diez compañeros de la escuela, prometiéndoles nuevas bolsas de libros. Terminaron en un campamento de entrenamiento, todavía con sus uniformes escolares.
Lo consolaba el número del brazalete que le habían dado los houtíes, su “número de yijadista”. Si moría, sabía, el brazalete garantizaba que su cuerpo le sería entregado a su familia.
“Cuando sea un mártir, colocarán mi número en una computadora, obtendrán mi foto y mi nombre, la imprimirán y debajo de mi nombre dirá ‘Mártir’”, expresó Mohammed.
Los houtíes incorporaron 18.000 menores a sus filas desde el comienzo de la guerra en el 2014, según reconoció un algo oficial houtí a la Associated Press.
Una cantidad indeterminada de jóvenes combatientes regresaron a sus casas en ataúdes. Más de 6.000 menores murieron o quedaron lisiados en la guerra.
Algunos chicos dijeron que se sumaron a las filas rebeldes por voluntad propia, mayormente porque les prometieron dinero, porque querían portar armas o porque les garantizaban el suministro de qat, una planta estimulante. Otros dicen que los sacaron por la fuerza de sus escuelas o sus casas, o los conminaron a unirse a sus filas a cambio de la liberación de algún familiar apresado.
Kahlan, de 12 años, dijo que los houtíes se los llevaron a él y a diez compañeros de la escuela, prometiéndoles nuevas bolsas de libros. Terminaron en un campamento de entrenamiento, todavía con sus uniformes escolares.








