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Christchurch, Nueva Zelanda.- Miles de personas rindieron honores el domingo en altares improvisados a las 50 personas asesinadas por un agresor en dos mezquitas de Christchurch, Nueva Zelanda, mientras docenas de musulmanes continúan a la espera de que las autoridades entreguen los restos para poder sepultar a sus familiares.
Cientos de flores se acumularon alrededor de veladoras, globos y notas de amor y dolor afuera de la mezquita Al Noor y los jardines botánicos de la ciudad. Bajo una ligera llovizna, los presentes se abrazaron y lloraron en silencio.
“Quisiéramos saber tu nombre para escribir en tu corazón. Quisiéramos saber tu canción favorita, qué te hace sonreír, qué te hace llorar”, se leía en uno de los altares improvisados, que incluía pedazos de papel recortados en forma de corazón, colocado debajo de un árbol. “Hicimos un corazón para ti. 50 corazones para 50 vidas”.
Dos días después del ataque del viernes, el tiroteo más letal en la historia moderna de Nueva Zelanda, los familiares aún esperaban a que las autoridades entregaran los restos. La ley islámica indica que los cuerpos deben ser limpiados y sepultados lo más pronto posible después del fallecimiento, generalmente en cuestión de 24 horas.
El sospechoso de los ataques, el supremacista blanco Brenton Harrison Tarrant, de 28 años, compareció el sábado en la corte en medio de un fuerte operativo de seguridad, esposado y con uniforme blanco de la prisión. No mostró emociones cuando el juez le leyó un cargo por asesinato y dijo que seguramente se le sumarán más.
El papa lamenta
la masacre
El papa Francisco lamentó el ataque perpetrado el viernes contra dos mezquitas en la ciudad de Christchurch, en Nueva Zelanda, y pidió “gestos de paz para acabar con el odio y la violencia”.
“En estos días, al dolor por las guerras y los conflictos que no cesan de afligir a toda la humanidad, se ha agregado el de las víctimas del horrible atentado contra dos mezquitas en Christchurch, en Nueva Zelanda”, dijo Jorge Bergoglio, tras el rezo del Ángelus y desde la ventana del palacio apostólico del Vaticano.
“Rezo por los muertos y los heridos, y por sus familiares. Muestro mi cercanía con la comunidad religiosa y civil, y renuevo la invitación a la unidad en la oración y los gestos de paz para acabar con el odio y la violencia”, añadió Francisco.








