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RAQQA, Siria.- Los vecinos dijeron que sentían un olor extraño en la casa de al lado. La vivienda, que la organización Estado Islámico había usado como escuela para sus “cachorros”, no había sido tocada desde que los combatientes fueron expulsados de esta ciudad siria hace dos años. Habían crecido yuyos alrededor de un vehículo abandonado en el patio.
Antes de iniciar las tareas de excavación, el personal enviado al lugar ya sabía lo que había debajo: Se trataba de una nueva fosa común encontrada en Raqqa, la fugaz capital del “califato” que Estado Islámico decía haber creado.
En el primer día de excavaciones aparecieron dos cadáveres. Pocos días después ya había una veintena, incluidos mujeres y niños, que habían sido amontonados en fosas en el patio.
El hallazgo, que periodistas de la Associated Press observaron durante el fin de semana, fue la 16ta fosa común encontrada en Raqqa desde que EI fue expulsado de la ciudad en el 2017. La aparición de estas fosas en casas, parques y edificios derrumbados constituye un macabro recordatorio de los horrores perpetrados por los combatientes y de la barbarie que se vivió al tratar de aniquilarlos.
Durante su reinado, los extremistas realizaron matanzas masivas, decapitaciones públicas y otras atrocidades.








