Un conflicto con muertos kurdos en ambos bandos

Un conflicto con muertos kurdos en ambos bandos
Foto: AP

Suruç, frontera turcosiria (EFE).- "Nadie quiere a los kurdos". Es el lamento que más se escucha en las calles de Suruç, un municipio fronterizo de la provincia turca de Sanliurfa, a pocos kilómetros de la ciudad de Kobani, en el lado sirio.

Suruç es territorio kurdo: prácticamente no se escucha una palabra en turco en los cafés. Aquí ha sentado muy mal la ofensiva que Ankara lanzó el miércoles pasado contra las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG) en el noreste de Siria.

"Europa no nos quiere. ¿Por qué no le para los pies al Gobierno turco?", pregunta el dueño de una ferretería.

Otros le echan la culpa a Estados Unidos, que esta semana anunció la retirada de sus tropas de la zona, aunque hay quien reconoce que sin el respaldo de Washington, las YPG no habrían podido hacerse con el territorio que controlan hoy.

El grueso de la ofensiva se centra en dos municipios cientos de kilómetros más al este, en las ciudades de Tal Abiad y Ras al Ain, donde hay una importante población árabe, pero Kobani tampoco ha quedado al margen de la guerra.

"Ayer escuchamos continuos disparos de artillería, y duró buena parte de la noche", relata un parroquiano. "Pero no parece que haya habido invasión terrestre por aquí, no nos consta", agrega.

Este sábado la frontera está en total calma, no se oyen bombardeos ni se ven columnas de humo.

Ni siquiera parece haber una dotación militar alrededor de la aduana de Mürsitpinar, que hasta hace cinco años permitía el paso libre hacia Kobani.

Esta ciudad se encuentra pocos cientos de metros de la valla y se pueden ver personas moviéndose por sus calles.

También fachadas de casas destruidas, pero es difícil averiguar si los destrozos son recientes o se deben al asedio del Estado Islámico (EI) en 2014, que fue repelido finalmente por las YPG tras meses de combates.

En Suruç casi todos tienen familiares en Kobani. La población a ambos lados de la frontera es la misma, aunque hace años que no pueden reunirse.

"A veces nos citamos en colinas cerca de la valla y así al menos podemos vernos mientras hablamos por teléfono", relata un vecino.

Por eso, los bombardeos turcos se sienten entre los vecinos de Suruç como si cayesen aquí mismo.

"Los civiles ahora están huyendo todos de Kobani, se van a los pueblos pequeños. En la ciudad solo quedan las milicias YPG para hacer frente a los militares turcos. Combatirán", asegura un electricista de Suruç.

Como todos los vecinos con los que ha hablado Efe hoy, prefiere el anonimato: hay mucha desconfianza respecto a la policía turca.

"A la mínima te llevan preso, te cierran la tienda, te acusan de ser miembro del YPG aunque no tengas nada que ver con ellos", se queja el profesional.

Pero la guerra ha dejado también víctimas en este lado de la frontera: el viernes, un obús impactó en el caserío de Atmenek, a pocos cientos de metros de la frontera, y mató al alcalde local y otras dos personas con las que estaba construyendo su casa.

A la mañana siguiente, Atmenek parece abandonado, no se ve un alma, aunque algún coche aparcado al abrigo de los muros de adobe y unas gallinas entre los establos muestran que algunos vecinos han preferido quedarse. Algunos campesinos empiezan a llegar a los campos de algodón: la cosecha está en su punto álgido.

La mezquita central de Suruç acoge el entierro de Ismail Taskin, un maestro albañil que murió junto al alcalde en la deflagración, luego se traslada el ataúd al cementerio de su pueblo natal, Çaykara, que tampoco dista más de un kilómetro de la frontera.

¿Por qué las YPG lanzan cohetes contra una aldea campesina?, se preguntan muchos, y las respuestas varían.

"Pudieron estar disparando a un puesto militar que está muy cerca del pueblo y se equivocaron", aventura uno. "Simplemente devuelven fuego; Turquía los bombardea con artillería y ellos lanzan obuses de vuelta, sin importarles donde caen", opina otro.

"No sabemos de dónde vino el proyectil, estalla y luego nuestro Gobierno lo achaca al YPG. Pero yo no me creo nada", musita un anciano en el cementerio, bajando la voz.

"Es la guerra. Disparan de un lado, disparan de otro, y al final en ambos lados mueren kurdos", concluye otro vecino.