Una marea humana arrincona a neonazis

La policía colocó a los supremacistas en un rincón del Parque Lafayette, en Washington

Una marea humana arrincona a neonazis

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Washington.- Una marea de miles de personas desbordó ayer las calles de Washington y obligó a una veintena de neonazis, envueltos en banderas estadounidenses, a celebrar su marcha por el supremacismo blanco en un rincón del Parque Lafayette, frente a la Casa Blanca.

Para evitar enfrentamientos, la policía municipal colocó a los neonazis en un pequeño perímetro cercano a la mansión presidencial y que definió con unas vallas negras de un metro de altura.

Tras el vallado, miles de contramanifestantes abucheaban a los supremacistas y gritaban consignas como “¡nazis, váyanse a casa!”, mientras agitaban pancartas con mensajes: “Sin odio, sin miedo”.

Los organizadores de la marcha “Unir a la derecha” esperaban reunir a 400 personas, pero solo lograron convocar a unas 20, la mayoría hombres blancos.

Uno de esos manifestantes que respondía al seudónimo de Karl, aseguró a Efe que había acudido a la protesta desde Dallas (Texas) porque quería defender los “derechos de todas las personas”, incluidos los blancos que, a su juicio, deberían ser mayoría en Estados Unidos.

A su lado, dos jóvenes cubrían su rostro con pañuelos, gorras y gafas de sol, mientras sostenían una bandera de EU que usaban para ocultarse cuando los periodistas se acercaban a ellos.

Brandon Watson, el único participante afroamericano, se unió a los neonazis porque “no importa de qué color seas” y, sobre todo, porque quería respaldar a su “amigo”, Jason Kessler, quien el año pasado organizó la marcha de Charlottesville donde una mujer fue asesinada.

Kessler volvió a convocar la marcha de este año y se dirigió a sus simpatizantes en varias ocasiones desde un escenario.

Desde su rincón, los supremacistas podían ver hileras de policías locales con su chaleco amarillo fluorescente y, a pocos metros, miles de contramanifestantes.
Los activistas con el aspecto más amenazante eran los del “bloque negro”, compuesto por antifascistas vestidos con colores oscuros y que cubrían su cabeza con capuchas y cascos de bicicletas.

Algunos llevan máscara para protegerse de gases lacrimógenos, mientras que los menos sofisticados se contentaron con unas gafas de buceo.

Había también familias como la de Kent Alley, quien hace un año vivió la tragedia de Charlottesville y decidió manifestarse frente a la Casa Blanca junto a su mujer y su hijo adolescente para demostrar a que no pueden conquistar el espacio público sin recibir respuesta.