A 5 años del caso Iguala: "Ninguna madre espera ver muerto a su hijo"

José Ángel espera al jovencito normalista para darle uniforme del Cruz Azul que tanto pidió

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A 5 años del caso Iguala: Ninguna madre espera ver muerto a su hijo
Foto: Especial

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Emiliano Navarrete aún espera la llegada de su hijo, José Ángel Navarrete, para regalarle el uniforme del Cruz Azul que tanto pidió desde pequeño. El joven es uno de los 43 normalistas de Ayotzinapa desaparecidos en 2014 y su familia mantiene la esperanza de encontrarlo con vida.

Nacido en el seno de una familia humilde, el aficionado de la máquina cementera acostumbraba ver a sus ídolos desde la televisión y practicaba el futbol a diario con personas más grandes que él.
Para él estos cinco años no han sido sencillos. Durante todo este tiempo ha tratado de explicarse "cómo hay personas con tanta maldad, con tanta saña, personas adultas que agreden a jóvenes con tanta salvajada".
Sin embargo, ni siquiera el gobierno le ha podido otorgar una respuesta a sus cuestionamientos. Cuando a Emiliano se le pregunta cómo evaluaría la atención de la anterior administración, su respuesta es breve y contundente: "El gobierno de [Enrique] Peña Nieto nos traumó".
Recuerda que aunque visitó varios ministerios públicos y se reunió con autoridades federales la indiferencia hacia su caso persistió. Poco les importó a los encargados de la antigua Procuraduría General de la República (PGR) escuchar la historia de José Ángel, un muchacho de 18 años que trabajaba como albañil y entró a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa para tener una mejor forma de vida.
"Trabajar con el gobierno anterior fue la peor pesadilla de lidiar con personas con poca voluntad, con carencia de razón de ser humano, de persona, no hay cómo calificar este tipo de individuos", expresa Emiliano, quien exige que Jesús Murillo Karam, extitular de la PGR, y Tomás Zerón de Lucio, exdirector de la Agencia de Investigación Criminal (AIC), sean investigados y enjuiciados por el caso.
Emiliano es uno de los padres que ha tomado la batuta en las conversaciones con el presidente Andrés Manuel López Obrador y Alejandro Encinas, subsecretario de Derechos Humanos de Gobernación. Con carácter fuerte transmite a la prensa los avances en la investigación, pero cuando piensa en la última vez que habló con su hijo se le quiebra la voz.

"No espero ver muerto a mi hijo"
Hilda Legideño Vargas se niega a creer que su hijo Jorge Antonio esté muerto, aunque lleva cinco años desaparecido. Incluso asegura que, si le demostraran científicamente que el joven perdió la vida no lo aceptaría.
"Es difícil pensar que no vas a volver a ver a tu hijo, la esperanza de volver a verlo la tenemos y la vamos a tener hasta el fin, porque ninguna madre espera ver muerto a su hijo".
Los días 26 y 27 de septiembre del2014 marcaron la vida de Hilda Legideño para siempre. En esa fecha un camión de la Normal Rural Raúl Isidro Burgos, donde viajaba Jorge, fue atacado por policías municipales de Iguala, Guerrero, y posteriormente los pasajeros habrían sido entregados al grupo delictivo Guerreros Unidos.
A partir de ese momento se perdió la pista de él y otros 42 estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, sin que hasta el momento se sepa realmente qué ocurrió.
Recién ingresado. Cuando Jorge fue víctima del delito tenía dos meses de haber ingresado a esa escuela superior. Nacido en el municipio de Tixtla, quiso retomar sus estudios para concluir su carrera, ganar más dinero y mantener a su hija.
Fue así que realizó su examen de admisión para la Normal de Ayotzinapa y sin mayores complicaciones logró acceder. Recuerda que en la noche del 26 de septiembre, cuando le advirtieron que había un problema en la escuela de su hijo, se trasladó en motocicleta lo más rápido que pudo.
En la Normal de Ayotzinapa se encontró con una bola de gente y muchos rumores sobre la muerte de una persona tras un ataque efectuado por autoridades municipales de Iguala, así como decenas de estudiantes que habían sido detenidos.
Pasó un día entero y Jorge no aparecía por ningún lado. De nueva cuenta se abrió un hilo de esperanza para Hilda cuando le comentaron que algunos estudiantes habían logrado escapar del ataque subiéndose a los cerros, pero su hijo jamás llegó.
Critica que en todo el anterior sexenio las autoridades no realizaron una investigación integral que permitiera conocer el paradero de los 43 normalistas, por lo que espera que la respuesta de la actual administración sea mejor.