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Toluca, Méx.- Matilde Ramírez Colín agradece que los cubrebocas que diseña y produce hayan salvado su negocio durante la pandemia de Covid-19.
Los aditamentos están pensados para completar los vestidos y ajuares de quinceañeras o novias, pues se convirtieron en parte imprescindible de la vestimenta, incluso un requisito para entrar a la iglesia.
El negocio Elegancia Nupcial, ubicado en el centro de Toluca, sobrevive gracias a sus creaciones, pues la pedrería, las cadenas y lentejuelas bordadas al raso, seda, algodón o poliéster, “nos salvaron de la quiebra”, dice.
La idea surge cuando supo sobre la exigencia del cubrebocas, incluso cuando reanudaron las ceremonias eclesiásticas, uno de los requisitos fue que los asistentes utilizaran esta prenda.
Relata que muchas personas no pudieron posponer sus celebraciones, por lo que buscaron algo acorde con su ajuar o vestidos, no llevar sólo un aditamento desechable color azul que desentonaba, así que pensó en esta alternativa.
Lo que más piden en los últimos días son primeras comuniones, pues son comunitarias en pueblos, así que les solicitan hasta 50 piezas o más.
Si es sobre diseño, aclara, el costo va de mil a 3 mil pesos, dependiendo del modelo.


