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El alza en la demanda de fentanilo dejó a cientos de familias de la montaña de Guerrero que se dedicaban al cultivo de amapola sin empleo, sumidas en la miseria. Esta situación obligó a algunos pobladores a migrar.
Hace cuatro años, en 2016, lo que faltaba en el pueblo eran manos para recoger la cosecha de amapola. Se llegaba a pagar entre 15 mil y 20 mil pesos por kilogramo.
Esos tiempos acabaron. En 2017 los compradores ofrecieron 7 mil pesos por kilogramo. Todos se negaron. Ese año nadie vendió, se quedaron con sus cosechas en espera de una mejor oferta que no llegó.
En 2019 casi nadie sembró, la pobreza se volvió miseria y las familias abandonaron los pueblos.
Un estudio del Network of Researchers in International Affairs indica que la caída en el precio de la amapola se debió al aumento "exponencial del consumo" de fentanilo en Estados Unidos, en crecimiento desde 2014.


