Cautiva pintura rupestre en cenotes yucatecos
Mérida, Yuc.- Manos pequeñas en positivo y negativo, un glifo como una especie letra E boca abajo y siluetas que adquieren formas extrañas, forman parte del mosaico de una pintura rupestre que se encuentra en uno de los tres cenotes de la Hacienda Kampepén, en Homún, municipio del estado de Yucatán, sureste de México.
Cada día turistas nacionales e internacionales acuden a visitar el lugar, cautivos por los dibujos prehistóricos que los mayas plasmaron en las paredes, cuya extraña belleza se matiza algunas veces por los rayos del sol que se cuelan en el interior del cenote, como para resaltar que fue un santuario maya.
Algunas pinturas están muy escondidas entre la doble pared de las rocas y otras han sido cubiertas por un moho verde-azul y las raíces, otras más adquieren formas extrañas con la piedra erosionada.
El arqueólogo Sergio Grosjean Abimerhi, director de Expedición Grosjean, y su equipo de trabajo han descubierto en el municipio de Homún y otras partes de Yucatán y Quintana Roo cuevas con pinturas rupestres que se encuentran varios metros bajo de la tierra.
La más reciente fue en 2018, la pintura está en una roca de aproximadamente 15 metros de largo y 5 de alto.
“Esas improntas son de las más importantes que se han descubierto hasta la fecha en la Península de Yucatán, porque tiene aves, mamíferos, una cruz, figuras geométricas, formas humanas, como la de un guerrero, y manos en negativo y positivo”, manifestó a EFE antes de ir a explorar otras cuevas.
El investigador y escritor comentó que la importancia de las pinturas rupestres es la expresión cultural, “algunas figuras son de un Ahau (dignatario maya) o marcadores de agua en los cenotes”.
“Para algunos expertos, como el investigador del INAH Luis Alberto Martos López, las huellas de manos fueron puestas en el interior de los cenotes como ritual en el que los niños pasaban a ser adultos, porque se cree que entre los mayas no había adolescentes como en esta época”, explicó Grosjean.
En las comunidades de Káua y Akil personal del INAH ha verificado petrograbados difíciles de descifrar, así como en otros sitios del sureste . En las cuevas de Huachabí, cerca de la zona arqueológica de Miramar, en el municipio de Hopelchén, Campeche, EFE informó en 2018 del descubrimiento de un muro de piedra con más de un kilómetro de extensión con improntas de extrañas y bellas figuras.
“Las pinturas rupestres del lugar, de difícil acceso, muestran figuras que describen personajes, caballos, formas antropomorfas, situaciones de la cosmología maya y motivos abstractos”, confirmó la directora del Centro INAH-Campeche, Adriana Velázquez Morlett.
Además, en ese lugar encontraron cerámica que pertenece a los periodos Clásico Temprano (200-600 d.C.), Clásico Tardío y Terminal (600-1050 d.C.) y Posclásico (1050-1521 d.C.).
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