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Hermosillo, Son.- Esta familia hizo de la carpa su casa y del espectáculo, toda una vida; sin embargo, el Covid-19 apareció para modificar toda su rutina.
Los días pasan lentos para cuatro niños que con ilusión esperan ver de nuevo iluminada la marquesina del circo Hermanos Medina, mientras sus padres venden aguas y refrescos en los cruceros para sobrevivir.
Anhelan esos tiempos de ajetreo, de correr de un lado a otro, meterse en su personaje y salir con actitud ante ese público que los recibía con ovaciones y los despedía con un aplauso.
Maribella, Danae, Noelia e Israel son menores que van desde los cuatro hasta los 12 años. Son la quinta generación de la descendencia Anderson-Medina, ambas familias circenses ramificada en 17 empresas de espectáculos en las entidades de Sonora y Sinaloa.
Miriam Anderson Medina, extrapecista y madre de Israel, el pequeño de cuatro años que sale a divertir al público con una botarga de Minion, comentó de la difícil situación que está atravesando el circo Hermanos Medina desde el pasado mes de marzo, cuando se decretó la cuarentena para evitar la propagación del Covid-19.
Relató que en total son 14 personas las que permanecen en el terreno ubicado en bulevar Progreso y Margarita Maza de Juárez, donde se quedaron varados hace más de cinco meses.
Los adultos que permanecen en el lugar, hombres y mujeres, salen a la calle y a los cruceros para vender alimentos como frutas, fresas con crema, aguas preparadas, manzanas enmieladas o envueltas en tamarindo.
La pandemia le ha quitado la tranquilidad económica a los adultos, pero los niños juegan e imaginan que diario ofrecen al público su mejor función.


