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Los mercados del país, esos lugares llenos de olores y colores de México, ya no son lo que eran. La pandemia ocasionada por el Covid-19 ha venido a transformarlos. En algunos casos, los menos, se han convertido en espacios que intentan cumplir a rajatabla las nuevas normas sanitarias, con accesos controlados y olor a alcohol; en la mayoría, las buenas intenciones de los locatarios por mantener la sana distancia quedan en eso, ante compradores que eligen sus frutas y verduras con el cubrebocas al cuello.
Se realizó un recorrido por 18 mercados del país para conocer cómo enfrentan la llamada nueva normalidad.
Desde la entrada al mercado Adolfo López Mateos, el más grande de Cuernavaca y de todo Morelos, comienza el riesgo de contagio del Covid-19. El comerciante encargado de poner una gota de gel en la mano a los clientes usa un cubrebocas que se quita de cuando en cuando porque le resulta incómodo.
Algunos consumidores llegan sin protección, se molestan cuando se les pide y sólo entonces sacan el tapabocas de su bolsa y se lo colocan mientras entran, luego se lo quitan y así comienzan su travesía por los pasillos, con roces entre clientes.
En el famoso mercado de San Juan, en Guadalajara —el más grande de América Latina—, pasa algo similar. Es imposible la sana distancia. La estrechez de sus pasillos provoca encuentros cercanos entre personas que, en muchas ocasiones, usan el cubrebocas como accesorio para el cuello o, de plano, no lo portan.
En Torreón, Coahuila, en el mercado Alianza la gente se amontona y, a lo mucho, la mitad de clientes y vendedores usan el protector.
Pedro Pasillas, dirigente de los locatarios, se burla cuando se le pregunta si los clientes acuden con miedo: "Vienen con confianza; después de estar confinados ya salen con ganas de andar caminando. Han aligerado la guardia".
En San Luis Potosí, Patricia Briones, quien tiene más de 30 años vendiendo fruta en el mercado República, está más preocupada por qué no se le vayan los clientes que hacen fila sin sana distancia ni cubrebocas. Reconoce que en la última semana las ventas subieron 70%.
Persiste el miedo. En Tabasco, la recomendación es: "Si vas al mercado Pino Suárez no te acerques donde venden pollo y pescado, porque se dieron contagios de Covid-19".
Aquí hay mil 200 locatarios, pero la emergencia obligó a bajar la cortina a los no esenciales y ahora, con la nueva normalidad, sólo reabrieron unos 500, explica Dionisio Alejandro Zurita, líder de los vendedores de tacos y refrescos, quien dice que la gente no vuelve porque no se instalaron bien los filtros de desinfección.
En el mercado Revolución, de Pachuca, Hidalgo, lo primero que se nota es el miedo. La gente entra de prisa, hace sus compras y se va. Lo que antes era un alegre y bullicioso lugar, ahora luce triste. Sólo prestan servicio los puestos de frutas y legumbres, carnes, quesos y abarrotes.
Locatarios de Querétaro, Puebla, Veracruz, Sinaloa, Chiapas y Yucatán también hacen lo posible por seguir las medidas. Incluso, en el histórico mercado Argüelles, de Ciudad Victoria, Tamaulipas, se colocó una cortina esterilizante, con tal de generar confianza en la clientela.
En Michoacán, también la mayoría de los comerciantes toman en serio la sanidad, aunque a algunos clientes parezca no importarles.
En lo que todos coinciden es en que las ventas no se recuperan y es cuando se quitan el cubrebocas para gritar las ofertas del día: "¡Pásele, güero!, ¿qué busca?".
Se realizó un recorrido por 18 mercados del país para conocer cómo enfrentan la llamada nueva normalidad.
Desde la entrada al mercado Adolfo López Mateos, el más grande de Cuernavaca y de todo Morelos, comienza el riesgo de contagio del Covid-19. El comerciante encargado de poner una gota de gel en la mano a los clientes usa un cubrebocas que se quita de cuando en cuando porque le resulta incómodo.
Algunos consumidores llegan sin protección, se molestan cuando se les pide y sólo entonces sacan el tapabocas de su bolsa y se lo colocan mientras entran, luego se lo quitan y así comienzan su travesía por los pasillos, con roces entre clientes.
En el famoso mercado de San Juan, en Guadalajara —el más grande de América Latina—, pasa algo similar. Es imposible la sana distancia. La estrechez de sus pasillos provoca encuentros cercanos entre personas que, en muchas ocasiones, usan el cubrebocas como accesorio para el cuello o, de plano, no lo portan.
En Torreón, Coahuila, en el mercado Alianza la gente se amontona y, a lo mucho, la mitad de clientes y vendedores usan el protector.
Pedro Pasillas, dirigente de los locatarios, se burla cuando se le pregunta si los clientes acuden con miedo: "Vienen con confianza; después de estar confinados ya salen con ganas de andar caminando. Han aligerado la guardia".
En San Luis Potosí, Patricia Briones, quien tiene más de 30 años vendiendo fruta en el mercado República, está más preocupada por qué no se le vayan los clientes que hacen fila sin sana distancia ni cubrebocas. Reconoce que en la última semana las ventas subieron 70%.
Persiste el miedo. En Tabasco, la recomendación es: "Si vas al mercado Pino Suárez no te acerques donde venden pollo y pescado, porque se dieron contagios de Covid-19".
Aquí hay mil 200 locatarios, pero la emergencia obligó a bajar la cortina a los no esenciales y ahora, con la nueva normalidad, sólo reabrieron unos 500, explica Dionisio Alejandro Zurita, líder de los vendedores de tacos y refrescos, quien dice que la gente no vuelve porque no se instalaron bien los filtros de desinfección.
En el mercado Revolución, de Pachuca, Hidalgo, lo primero que se nota es el miedo. La gente entra de prisa, hace sus compras y se va. Lo que antes era un alegre y bullicioso lugar, ahora luce triste. Sólo prestan servicio los puestos de frutas y legumbres, carnes, quesos y abarrotes.
Locatarios de Querétaro, Puebla, Veracruz, Sinaloa, Chiapas y Yucatán también hacen lo posible por seguir las medidas. Incluso, en el histórico mercado Argüelles, de Ciudad Victoria, Tamaulipas, se colocó una cortina esterilizante, con tal de generar confianza en la clientela.
En Michoacán, también la mayoría de los comerciantes toman en serio la sanidad, aunque a algunos clientes parezca no importarles.
En lo que todos coinciden es en que las ventas no se recuperan y es cuando se quitan el cubrebocas para gritar las ofertas del día: "¡Pásele, güero!, ¿qué busca?".


