"Coraje e indignación" al regresar a Tlatelolco

Coraje e indignación al regresar a Tlatelolco

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Foto: Notimex

Sentimientos de coraje y de indignación es lo que sienten sobrevivientes de la represión que ocurrió hace 50 años en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, lugar al que en unas horas regresarán para encabezar la marcha para recordar y exigir justicia por la represión ocurrida hace medio siglo.
En entrevista con EL UNIVERSAL, Félix Hernández Gamundi, dirigente del IPN en el movimiento estudiantil, y quien el 2 de octubre de 1968 se encontraba en el tercer piso del edificio Chihuahua momentos antes de la represión, consideró que regresar nuevamente a este lugar le genera indignación por la impunidad que todavía persiste en el caso .
"Regresar 50 años aquí es sentir indignación y coraje por el grave acto de represión que sigue teniendo la masacre que ahí ocurrió. Pero al mismo tiempo me genera un acto de seguir luchando, de seguir exigiendo justicia, de recordar, como decía el poema de Rosario Castellanos: 'Recuerdo, recordamos hasta que la justicia se siente entre nosotros' ", dijo.
Señaló que es "un alivio" que medio siglo después, las nuevas generaciones sigan exigiendo justicia porque "ellos también siguen sometidos al mismo problema de violencia, de falta de respeto a sus derechos, a la impunidad que sufren los jóvenes, sobretodo, las mujeres".
José González, ex brigadista del Comité de Lucha de la Facultad de Derecho de la UNAM en el 68, afirmó que además de coraje y de impotencia, también tiene un sentimiento de alegría, "porque después de 50 años, estos horribles hechos siguen en la memoria de nuestro pueblo, que no olvida lo que pasó ahí".
Indicó que además de no olvidar la represión del Estado mexicano, también se debe de tener presente que "cientos de compañeros cayeron por obtener muchos de los derechos que hoy disfrutamos. Nos queda mucho camino, pero estos logros han sido de luchas anteriores y posteriores al movimiento estudiantil, pero el 68 marcó un parteaguas sin duda".
A las 16:00 horas tendrá lugar la marcha conmemorativa que año con año se realiza para recordar la muerte de los estudiantes y que iniciará en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, para terminar en el Zócalo.

"Sigo en pie de lucha": sobreviviente 


Raúl Cuellar Salinas, su hermana María y su mamá estuvieron en el mitin del 2 de octubre de 1968, en la plaza de las Tres Culturas. Pudieron escapar de los balazos porque cada quien iba por su lado.
A 50 años de aquel "miércoles trágico", el ahora profesor de la Escuela Superior del Instituto Politécnico Nacional aseguró que los mexicanos deben seguir luchando por una nación sin violencia y buscar una participación activa en la democracia del país.
"Salimos de la balacera por suerte; mi hermana estudiaba en la Voca 7 y yo era alumno de la Escuela Superior de Economía del Poli. Mi mamá apoyaba el movimiento y quiso escuchar los discursos de los líderes. Nunca entendimos por qué la represión. No veníamos armados, había muchos civiles, vendedores... en fin, a los que seguimos nos toca seguir luchando, exigir un país sin tantos muertos y desaparecidos".
En 1968, Raúl tenía 21 años. También estudió en la Vocacional número 7 y un año antes del movimiento estudiantil participó en la huelga en apoyo a la Escuela Superior de Agricultura "Hermanos Escobar".
"Todo el Politécnico, Chapingo y otras escuelas nos fuimos a huelga; duró una semana y se resolvió de manera favorable, pero ese movimiento fue antecedente del 68".
Admite que ya en el movimiento nunca fue dirigente del Comité pero sí participó en todas las actividades, marchas, boteos y mítines. "Estuve en el Centro Histórico el 26 de julio. En esa marcha hubo represión, después nos fuimos a la escuela de Economía y supimos cuál era el pliego petitorio. Me tocó estar en los combates por defender la Voca 7 y el Casco de Santo Tomás".
El 2 de octubre Raúl tuvo que cumplir con un encargo del Comité de Huelga, acompañar a un chico apodado "Karamazov" hasta el Edificio Chihuahua. "Él vivía por la colonia San Simón. Fui por él y al llegar a Tlatelolco quise acompañarlo hasta el tercer piso, desde donde hablarían los oradores, pero no me dejaron. Entonces me fui caminando hacia el 15 de septiembre, por donde están las astas banderas, y ahí me encontré con dos amigos".
Se trataba de Luis Carrión, compañero de carrera y profesor de inglés, y Juan Hurtado, alumno de la Esime, "quien no tenía una pierna porque de niño tuvo polio".
"Decidimos irnos a un extremo de la plaza porque si se ponía violento el asunto él no podría correr muy rápido. Quizá fue eso lo que nos salvó".
"Pasaban de las 5 de la tarde y la plaza ya estaba casi llena", cuenta Raúl. Se veían miembros del Ejército alrededor de Tlatelolco. Los jóvenes escuchaban el mitin cuando vieron caer dos bengalas, que fue cuando "empezó la balacera. Nos retiramos rumbo a la Voca 7, un pelotón de soldados nos encontró y nos encañonó, pero nos dejaron ir".
Los tres estudiantes se resguardaron en un departamento del edificio 15 de septiembre.
"Había casi 30 jóvenes en la sala. Nos fuimos porque sabíamos que empezarían a catear los edificios y no queríamos meter en problemas a la familia que nos apoyó".
Luis Carrión recordó que en Tlateloco vivía su casero y fueron a buscarlo.
"En ningún momento dudaron. Cuando el señor que le rentaba a mi amigo abrió la puerta nos dejó pasar sin preguntar nada. Y ahí estuvimos hasta la madrugada del 3 de octubre, cuando nos salimos con la familia".
A sus 71 años, el académico relata que su hermana estaba en la plaza y ahí se quedó hasta que cesaron los disparos. "Tuvo gente muerta alrededor. Sin saber cómo se paró y empezó a caminar hasta salir de la plaza".
Su mamá les contó que, en cuanto escuchó los disparos, caminó hacia un cubo de luz de uno de los edificios de la unidad habitacional y se escondió ahí hasta el día siguiente.
"Fue una fortuna que los tres saliéramos de esa trampa que montó el Ejército. Ellas ya fallecieron, pero yo sigo en pie de lucha".
Al conmemorar el 2 de octubre de 1968, quien fue secretario general estudiantil de la Voca 7, afirmó que "el movimiento tuvo sus logros: abrimos a la sociedad, la invitamos a ser más participativa y menos apática, a exigir sus derechos; combatimos y demostramos que se podían hacer las cosas. No hemos acabado. No somos mártires, somos luchadores. Y seguiremos velando hasta tener un mejor México".