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Ciudad de México.- “Deja que salga la luna, deja que se meta el sol...”, canta un trío de músicos para despedir a una persona que murió por Covid-19, mientras Juan Ernesto coloca cemento en ladrillos rojos y los apila uno por uno para sellar la gaveta; a su alrededor, un promedio de seis familiares observan el trabajo del inhumador del Panteón Municipal de Nezahualcóyotl, Estado de México, quien ha triplicado su labor en los últimos meses.
Son las 2 de la tarde y apenas lleva cuatro horas de jornada laboral, pero ya participó en siete servicios fúnebres. Para cubrirse del sol, el joven usa un sombrero de palma y se apoya en otro compañero para repellar la gaveta.
“Ha estado muy pesado. Cuando no había contingencia había de tres a cuatro inhumaciones al día y ahora es el triple. Con eso del Covid, de repente son 12 servicios diarios. Mis compañeros y yo terminamos el día muy fatigados, llegamos a casa y nos aseamos para proteger a la familia”.
“La caja viene emplayada y así como baja de la carroza es ingresada. Ya no es como antes que te despedías, ahora vienen con el plástico y es meterla luego, luego, sellar bien la gaveta y no pueden entrar muchas personas!.


