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Barcelona, Esp.- Fernanda Rubí tenía 21 años cuando fue secuestrada y desapareció el 7 de septiembre de 2012 mientras estaba con sus amigas en una discoteca de la ciudad de Orizaba, en México.
Desde entonces, su madre, Araceli Salcedo, viaja por el mundo para pedir ayuda internacional.
Cuatro años antes, el 19 de diciembre de 2008, a poco más de 1.200 kilómetros, en la ciudad de Torreón, desapareció Dan Jermeel Fernández, trabajador de una aseguradora y padre de cinco hijos. Su hermana, Grace Fernández, también explicó a Efe que no ha tenido noticias de él desde ese día.
Salcedo y Fernández, miembros de las Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México, participaron esta semana en Barcelona en unas jornadas para concienciar sobre la problemática de los desaparecidos.
Los casos de Rubí y Dan Jermeel no son aislados y, aunque las cifras de desaparecidos en México son dispares (la Secretaría de Gobernación los sitúa en torno a los 33.000; la Comisión Nacional de Seguridad, en 45.000; y la Comisión Nacional de Derechos Humanos, en 50.000), Salcedo y Fernández, aseguran que la cifra supera las 180.000 personas.
“Todo esto ha crecido por la corrupción generalizada”, explica Grace Fernández, quien asegura que “el crimen organizado mexicano teje una estrategia de terror en la sociedad”. Ambas mujeres coinciden en que “en las desapariciones no importan ni la clase social, ni la profesión, ni la edad, ni el sexo. Cualquier persona está expuesta a sufrir un secuestro o una desaparición”.
La madre de Rubí denuncia que sufren amenazas para que dejen de investigar el paradero de sus allegados y se queja de que no ha tenido ayuda oficial.
Fernández y Salcedo quieren explicar que “no es normal que haya 180.000 personas desaparecidas y que nadie pregunte por ellas”.


