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Tijuana, BC.- El olor a café se pasea entre los pasillos del mercado, un par de sillas y mesas de madera están en la entrada del pequeño negocio. En el marco de la puerta, Edwin fuma su segundo cigarro, no es ni mediodía y ya piensa en un tercero, dice que allá en Honduras, de donde es oriundo, casi no fumaba, pero desde que llegó a Tijuana el estrés lo ha obligado a regresar a su único vicio.
Él es uno de los 6 mil 200 centroamericanos que llegaron a Tijuana en caravana. Narra que vino en uno de los primeros buses que tocaron la frontera, cuando estallaban las protestas y nacían las fricciones entre los residentes y los migrantes. En ese lapso cumplió años y su celebración la vivió hacinado en un albergue instalado por las autoridades locales, en medio de la tierra y el lodo.
A casi un mes de que llegó, Edwin se estrena en su primer empleo en tierras mexicanas; ahora atiende un pequeño café, al que llegó por mera casualidad y desde el lunes se encarga de recibir a la gente, atenderla y ayudar a los dueños.
Apenas terminó el primer año de secundaria cuando tuvo que empezar a trabajar, primero picando la piedra para preparar la mezcla en construcción. En su familia hay tradición de trabajo, porque en Tegucigalpa, capital de Honduras, la educación y el dinero es un privilegio al que no todos tienen acceso.
Él es uno de los 6 mil 200 centroamericanos que llegaron a Tijuana en caravana. Narra que vino en uno de los primeros buses que tocaron la frontera, cuando estallaban las protestas y nacían las fricciones entre los residentes y los migrantes. En ese lapso cumplió años y su celebración la vivió hacinado en un albergue instalado por las autoridades locales, en medio de la tierra y el lodo.
A casi un mes de que llegó, Edwin se estrena en su primer empleo en tierras mexicanas; ahora atiende un pequeño café, al que llegó por mera casualidad y desde el lunes se encarga de recibir a la gente, atenderla y ayudar a los dueños.
Apenas terminó el primer año de secundaria cuando tuvo que empezar a trabajar, primero picando la piedra para preparar la mezcla en construcción. En su familia hay tradición de trabajo, porque en Tegucigalpa, capital de Honduras, la educación y el dinero es un privilegio al que no todos tienen acceso.


