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Malinalco, Méx.- En el municipio de Malinalco, Estado de México, más de 100 mezcaleros mantienen la fe en que, al obtener la denominación de origen del destilado, podrán detonar una industria que por décadas fue sólo una alternativa comercial a la explotación de los cultivos agrícolas.
Quieren convertir la producción en “una verdadera vocación de la cual vivan los artesanos que hacen mezcal en el Estado de México”, dijo Rómulo Medina Núñez, quien desde hace 22 años se dedica a la elaboración de la bebida.
Aunque la mayoría en esta localidad desconoce cómo fue que concursaron para obtener la certificación por parte del Consejo Regulador del Mezcal, y tampoco saben con precisión qué pasos deben seguir a partir de su obtención para poder comercializarlo, esperan mantener el reconocimiento que les permita colocar en las botellas la palabra “mezcal”, pues desde que recuerdan, sólo pueden ofrecer a sus clientes o los turistas su producto como una “bebida de agave”.
Los mezcaleros en Malinalco tienen pequeños talleres en sus casas o incrustados en los cerros donde no emplean maquinaria ni tecnología para la explotación del agave, casi todo se elabora a mano o con utensilios de madera.
Para el desarrollo de esta actividad, la mayoría aprendió por herencia de algún familiar, incluso algunos de forma empírica. Otros desarrollaron la combinación de frutas de temporada con el destilado para otorgarle un sabor que los distinga o los haga competitivos frente a una gama oaxaqueña que acapara el paladar de los consumidores, refiere.
Una de las adversidades, reconoce, es que no hay siembra de maguey, por lo tanto escasea la planta, de modo que algunos productores compran en Morelos o en Oaxaca hasta en mil pesos cada carga que sólo sirve para la producción mensual.
Quieren convertir la producción en “una verdadera vocación de la cual vivan los artesanos que hacen mezcal en el Estado de México”, dijo Rómulo Medina Núñez, quien desde hace 22 años se dedica a la elaboración de la bebida.
Aunque la mayoría en esta localidad desconoce cómo fue que concursaron para obtener la certificación por parte del Consejo Regulador del Mezcal, y tampoco saben con precisión qué pasos deben seguir a partir de su obtención para poder comercializarlo, esperan mantener el reconocimiento que les permita colocar en las botellas la palabra “mezcal”, pues desde que recuerdan, sólo pueden ofrecer a sus clientes o los turistas su producto como una “bebida de agave”.
Los mezcaleros en Malinalco tienen pequeños talleres en sus casas o incrustados en los cerros donde no emplean maquinaria ni tecnología para la explotación del agave, casi todo se elabora a mano o con utensilios de madera.
Para el desarrollo de esta actividad, la mayoría aprendió por herencia de algún familiar, incluso algunos de forma empírica. Otros desarrollaron la combinación de frutas de temporada con el destilado para otorgarle un sabor que los distinga o los haga competitivos frente a una gama oaxaqueña que acapara el paladar de los consumidores, refiere.
Una de las adversidades, reconoce, es que no hay siembra de maguey, por lo tanto escasea la planta, de modo que algunos productores compran en Morelos o en Oaxaca hasta en mil pesos cada carga que sólo sirve para la producción mensual.


