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Ciudad de México.- La mirada de José Ángel Córdova Villalobos, entonces secretario de Salud, se dirigió hacia el famoso teléfono rojo de su oficina. A tres años de ostentar el cargo, lo descolgó por primera vez para hablar directamente con el entonces presidente Felipe Calderón Hinojosa y pedirle una reunión en Los Pinos porque había una emergencia: un nuevo virus de influenza, el AH1N1, acechaba y mataba a mexicanos.
“Oiga, rara vez lo molesto, pero necesito que me reciba lo más pronto que pueda”, dijo el funcionario con preocupación a Calderón Hinojosa. “Vente de inmediato”, le respondió el mandatario. “Era jueves 23 de abril, lo recuerdo perfecto, estaba en mi oficina, ya pasaron 10 años, pero parece que fue ayer”, comparte en entrevista con El Universal el exfuncionario federal.
Lo más difícil, menciona, no sólo fue identificar el virus y esperar que las reservas de oseltamivir, medicamento que se adquirió desde que Julio Frenk estaba al frente de la Secretaría de Salud, hiciera efecto, sino ir contra la marea y los rumores de que la influenza era un mito.
Además del oseltamivir, se establecieron medidas como el estornudo de etiqueta, evitar los saludos de beso y mano para no propagar microbios y el lavado de manos. Para el exsecretario de Salud la respuesta de la población fue extraordinaria.
A una década de que millones de mexicanos decidieron quedarse en casa, de que las calles lucían vacías y quienes salían a trabajar usaban cubrebocas y gel antibacterial, Córdova Villalobos se siente orgulloso de haber sorteado “el mayor desafío en mi vida profesional como médico” y llama a la sociedad a no bajar la guardia, los invita a vacunarse contra la influenza y a seguir medidas preventivas.


