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Ciudad de México.- “Pulgas” es uno de los 20 gatos que habitan en el Jardín de la Emperatriz de Palacio Nacional. Su nombre lo debe a que cuando los trabajadores de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) la encontraron, en 2015, estaba infestada de pulgas.
Detrás de una maceta, la gatita espía a los reporteros que entrevistan a Margarita, la mujer que, pese a estar jubilada de su trabajo como personal de limpieza en Hacienda, cumplirá 19 años llevándoles de comer cada tercer día en punto de las 14 horas.
Margarita lleva cubetas, cepillos y un poco de jabón; mientras limpia las croqueteras y los envases en los que los gatos toman agua, llega Malú, una de las trabajadoras de la SHCP que está segura de que sólo fue un rumor la historia de que los gatos serían dormidos para sacarlos de Palacio Nacional.
A unos pasos de la casa del pueblo, en los mismos pasillos, jardines y galeras que recorrieron hace 50 años José Revueltas, Luis González de Alba y Heberto Castillo por su participación en el movimiento estudiantil de 1968, hoy pasean 20 gatos que buscan tomar el sol y jugar entre árboles de lo que fue el temido “Palacio negro de Lecumberri”, hoy sede del Archivo General de la Nación (AGN).
Los felinos, que todo el día son acariciados por investigadores y visitantes que llegan a trabajar o a admirar la arquitectura del sitio, son atendidos por un comité de cinco trabajadores.
Los empleados, que en su mayoría laboran en la Dirección del Archivo Histórico Central, son quienes solventan los gastos de mantenimiento de los gatos: compran su comida y pagan la atención veterinaria, así como los medicamentos que necesitan cuando se enferman.


