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Chilpancingo, Gro.- El mercado Baltazar R. Leyva Mancilla de Chilpancingo, casi siempre ha estado abarrotado sin importar la emergencia sanitaria provocada por el Covid-19.
En este tiempo, en esta central de abasto las cosas han variado poco. En el primer fin de semana de julio, en las entradas no hay filtros sanitarios, nadie ofrece gel antibacterial ni supervisa que las personas entren con cubrebocas; en Guerrero su uso es obligatorio.
Adentro, todos los puestos están abiertos sin importar que ofrezcan ropa, aparatos electrónicos, de belleza, zapatos, todos estos considerados no esenciales en esta emergencia sanitaria.
En los pasillos las aglomeraciones son cotidianas, la sana distancia no existe, pero la mayoría de los clientes porta el tapabocas. Por su parte, las autoridades, junto con militares y policías, obligaron a cerrar unos 300 negocios no esenciales, aunque esto duró poco.
La realidad es que los mercados en Guerrero nunca han dejado de tener la movilidad habitual, lo cual ha tenido consecuencias. El caso emblemático es el mercado de Iguala y sus alrededores, que fueron considerados foco rojo de contagios.


