Hubo contradicciones y señuelos

Compartir:

Hubo contradicciones y señuelos

A-AA+

Ciudad de México.- El convoy de vehículos oficiales de la FGR -integrado por siete camionetas, dos motocicletas y una patrulla- sale del hangar en medio de la fuerte expectativa de representantes de medios de comunicación que se arremolinan tratando de ubicar al personaje que, en ese momento se pensó sería trasladado al Reclusorio Norte.

El movimiento rompe el silencio en la zona norte de la capital del país. Es madrugada y, paradójicamente, mientras la ciudad duerme, es trasladado en medio de estrictas medidas de seguridad quien ahora quita el sueño a más de un viejo político por las revelaciones sobre corrupción que pudiera ofrecer.

El convoy arriba al Reclusorio Norte a las 4:25 horas y al enfilarse sobre la calle Jaime Nunó, la camioneta en la que personal de la AIC realizaba el traslado se detiene durante 17 minutos mientras que cámaras fotográficas, de video y más de una decena de celulares captan la imagen del trasladado.

Sin embargo, nadie puede corroborar con plena certeza que el hombre con ropa y chaleco oscuros, que porta una gorra y que constantemente agacha la cabeza, sea Emilio Lozoya, el otrora petrolero del año, la joven promesa del peñismo, pero que tuvo que aceptar una extradición exprés desde su refugio en España para enfrentar acusaciones de corrupción.

Funcionarios federales confirmaron que la persona que arribó al Reclusorio Norte, en medio del fuerte operativo de seguridad implementado por la AIC, se trató de un distractor.

Al paso de las horas, se confirmaría que el montaje fue para llevar al exdirector de Pemex presuntamente a un hospital privado, tras presentar problemas de salud.

En su conferencia matutina, López Obrador afirmó que el titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), Santiago Nieto, le indicó que Lozoya se encontraba en el Reclusorio Norte y que su audiencia se realizaría al mediodía del viernes.

El Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Alfonso Durazo, cayó en contradicciones al intentar responder los cuestionamientos.  Así, en medio del caos y la confusión y la falta de información fue la primera jornada de Lozoya, quien llegó a sentirse en sus mejores momentos como una especie de joven Rey Midas petrolero, pero de quien hasta el momento nadie sabe su paradero.