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Tlaquepaque, Jal.- Alexis ha viajado casi 2 mil kilómetros y lleva más de 30 días huyendo de un mara que intentó obligarlo a vender drogas para ellos; primero le robaron su motocicleta y después como condición para devolvérsela, le dieron un plazo de cinco días para decidirse.
“Les dije: ‘No’, por eso me vine para acá, veré cómo me va, confío en Dios que todo salga bien”, dice.
Alexis tiene 15 años, es de Honduras, viaja sin su familia, pero en compañía de unas 600 personas (niños, mujeres y hombres) que integran la Caravana del Viacrucis Migrante que partió el domingo 25 de marzo (Domingo de Ramos) desde Arriaga, Chiapas, y tiene como meta la frontera norte del país, donde solicitarán asilo político o humanitario al gobierno de Donald Trump.
“La verdad es que el presidente [Juan Orlando Hernández] está muy malo, él es el que mueve la droga, eso yo no lo puedo decir, pero lo estoy diciendo ya”, dice el adolescente que ha llegado a Tlaquepaque, Jalisco, a bordo de un tren cargado con chatarra al que él y sus compañeros apenas lograron trepar el pasado sábado en Tultitlán, Estado de México.
El sacerdote Alberto Ruiz y el equipo que lo apoya en el albergue El Refugio, en el Cerro del Cuatro, en Tlaquepaque, Jalisco, esperaban la llegada de este grupo de personas desde el lunes; sin embargo, un problema en Irapuato retrasó su llegada.
La caravana inició con 2 mil personas; algunas se han dispersado, ya sea porque buscan asentarse en algunas de las ciudades del país o porque otros —principalmente los hombres que viajan solos— se desesperan por tener que viajar al paso de mujeres y niños pequeños y deciden adelantarse.
Alexis y el grupo con el que viaja intentarán subir de nuevo a un tren que los lleve hacia el norte por la ruta del Pacífico, han descansado en un albergue, pero no saben cuál será la siguiente parada y qué les espera ahí.


