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Hace unos días, Carlos Carlos dudaba en tomar su guitarra y tocar en la calle, luego de que el restaurante donde se presentaba cerró sus puertas desde marzo pasado a causa de la pandemia por el Covid-19. "Tengo que salir", se dijo, y encontró su lugar en la avenida Hidalgo del centro de Torreón.
"No me animaba", recuerda Carlos Carlos con la sonrisa de un jovenzuelo. Es la primera vez que el guitarrista de 67 años toca en las calles, pese a que en su atril que sostiene su repertorio, un letrero dice: "Cantante urbano", como si fuera de años.
Lo que es cierto es lo que sigue en el letrero: "Nuestras fuentes de trabajo están cerradas. Por su apoyo gracias". Él laboraba en un restaurante de carnitas y daba clases particulares. Todo eso está pausado por la emergencia sanitaria.
La historia de Carlos César Carrera de la Cruz, conocido artísticamente como Carlos Carlos, es singular. Estudió música en la Escuela Superior de Música de Durango y es ingeniero civil.
Durante años trabajó para empresas en el ramo de la construcción, hasta que en 2015 sufrió un accidente automovilístico en el que estuvo involucrada una persona que conducía ebria. En el percance perdió su ojo izquierdo.
"Mi vista se me cansaba. Ya no podía estar en la computadora y por la edad nadie me contrataba", recuerda Carlos Carlos, como si el destino estuviera marcado para que recuperara el camino de la música.
Desde joven le gustó tocar en bares o restaurantes, pero reconoce que en esos lugares exigen mucho, aunque paguen poco.
Carlos Carlos asegura que no le teme al coronavirus, y que de alguna forma tiene que vivir, por lo que la calle se ha convertido en un refugio y una fuente de empleo. "No extraño, uno se acopla a lo que hay". Tampoco extraña trabajar como ingeniero. "Disfruto lo que hago", añade.
Presume que también es cantautor, que en 2014 ganó el cuarto lugar en un festival de Estados Unidos y que tiene dos discos grabados.
Económicamente le ha ido mejor en la calle, dice, pues en los restaurantes le pagaban 150 pesos y como cantante urbano saca, mínimo, 200. De hecho, Carlos Carlos asegura que cuando termine la emergencia sanitaria no regresará al restaurante. Por las mañanas seguirá cantando en el centro de la ciudad y en las tardes dará clases particulares.
Es mediodía, entusiasmado toca la guitarra y canta. Se enorgullece de la canción Cuando me recuerdes, que escribió hace 30 años: "Cuando me recuerdes tú, en soledad, la nostalgia sé que te hará llorar, recordando tú quizás, ya en tu final, el pasado aquel que ya no vendrá".
"No me animaba", recuerda Carlos Carlos con la sonrisa de un jovenzuelo. Es la primera vez que el guitarrista de 67 años toca en las calles, pese a que en su atril que sostiene su repertorio, un letrero dice: "Cantante urbano", como si fuera de años.
Lo que es cierto es lo que sigue en el letrero: "Nuestras fuentes de trabajo están cerradas. Por su apoyo gracias". Él laboraba en un restaurante de carnitas y daba clases particulares. Todo eso está pausado por la emergencia sanitaria.
La historia de Carlos César Carrera de la Cruz, conocido artísticamente como Carlos Carlos, es singular. Estudió música en la Escuela Superior de Música de Durango y es ingeniero civil.
Durante años trabajó para empresas en el ramo de la construcción, hasta que en 2015 sufrió un accidente automovilístico en el que estuvo involucrada una persona que conducía ebria. En el percance perdió su ojo izquierdo.
"Mi vista se me cansaba. Ya no podía estar en la computadora y por la edad nadie me contrataba", recuerda Carlos Carlos, como si el destino estuviera marcado para que recuperara el camino de la música.
Desde joven le gustó tocar en bares o restaurantes, pero reconoce que en esos lugares exigen mucho, aunque paguen poco.
Carlos Carlos asegura que no le teme al coronavirus, y que de alguna forma tiene que vivir, por lo que la calle se ha convertido en un refugio y una fuente de empleo. "No extraño, uno se acopla a lo que hay". Tampoco extraña trabajar como ingeniero. "Disfruto lo que hago", añade.
Presume que también es cantautor, que en 2014 ganó el cuarto lugar en un festival de Estados Unidos y que tiene dos discos grabados.
Económicamente le ha ido mejor en la calle, dice, pues en los restaurantes le pagaban 150 pesos y como cantante urbano saca, mínimo, 200. De hecho, Carlos Carlos asegura que cuando termine la emergencia sanitaria no regresará al restaurante. Por las mañanas seguirá cantando en el centro de la ciudad y en las tardes dará clases particulares.
Es mediodía, entusiasmado toca la guitarra y canta. Se enorgullece de la canción Cuando me recuerdes, que escribió hace 30 años: "Cuando me recuerdes tú, en soledad, la nostalgia sé que te hará llorar, recordando tú quizás, ya en tu final, el pasado aquel que ya no vendrá".


