La tradición se impone al virus en Cuaresma

Cientos de compradores atiborran mercado de mariscos La Nueva Viga de la Ciudad de México

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La tradición se impone al virus en Cuaresma

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Ciudad de México.- Luis Martín corta y limpia pescado velozmente en La Nueva Viga de Ciudad de México, el mercado más grande de América Latina, mientras atrae con avidez a los centenares de clientes que acuden en estos días de Cuaresma a hacer la compra, más pendientes de la tradición que de la pandemia de coronavirus.

La cola para acceder al aparcamiento de La Nueva Viga es inmensa y en la puerta de entrada se ve el cartel de “cupo lleno”. La imagen parece irreal, pues a media hora de este mercado está el centro de la ciudad casi desierto ante las recomendaciones y peticiones de las autoridades de quedarse en casa.

Al adentrarse en este gigante lugar y llegar al pasillo frontal, la noticia del aumento de casos y las recomendaciones de evitar aglomeraciones se pierden entre las muchísimas personas que movidos por la costumbre y la tradición ligada con la religión de no comer carne durante la Cuaresma, acuden a comprar pescado y marisco.

“A la gente no le preocupa tanto el tema del coronavirus. No se olvidan de la tradición y vienen cada año a comprar el marisco y el pescado porque además esto es lo más delicioso del planeta”, explicó este jueves a Efe Teresa, una de las varias trabajadoras de uno de los locales que vende sin parar al mediodía, hora punta en la Nueva Viga.

Elena, una joven clienta, consideró, por su parte, que “la comida ayuda a estar conviviendo con la familia” y, como muchos ya no trabajan ni van a clases por las medidas contra el coronavirus, tienen tiempo para acudir a este mercado que, además, tiene precios muy económicos.

Eugenia, otra clienta que, ataviada con una mascarilla, dejó a sus padres esperando fuera del mercado para evitar riesgo de contagio mientras ella compró lo necesario para estos días.

Aún así, Eugenia opinó que debería haber más control y gestionar de alguna manera el acceso para que no hubiese tantas personas comprando a la vez y se pudiese al menos caminar sin pegarse unos a otros. Aunque se ven mascarillas, no todos los compradores las llevan y algunos de los vendedores tampoco.