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“¡Ni perdón, ni olvido!”

Por El Universal

Junio 11, 2023 03:00 a.m.

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Ciudad de México.- A 52 años de la masacre del Jueves de Corpus, ocurrida el 10 de junio de 1971, sobrevivientes e integrantes del Comité 68 Pro Libertades Democráticas, recuerdan y exigen justicia por la víctimas con una movilización desde el Metro Normal hasta el Zócalo.

Aunque el ex presidente Luis Echeverría Álvarez, señalado por la organización como uno de los principales responsables del “Halconazo”, ya falleció, el Comité 68 demandan que se abra el caso hasta conocer la verdad.

“A 52 años del genocidio, la impunidad continúa. El Estado mexicano se ha caracterizado por ser inoperante en términos de justicia, las víctimas se cuentan por miles. Crímenes de Estado como el genocidio del 2 de octubre de 1968 y el genocidio del 10 de junio de 1971 en donde la memoria popular se ha revelado contra las políticas de olvido del gobierno, permanecen impunes, a pesar de que todas y todos sabemos que fue el Ejército, fue el Estado.

“Y, sin embargo, hoy se mantiene al Ejército en las calles, en las instituciones, la militarización de la vida pública del país es hoy un gran riesgo para las libertades democráticas”, difundió a través de un comunicado el grupo, que también pide al gobierno federal detener la militarización del país.

La semana pasada el Comité 68 empezó una jornada de lucha con un acto político cultural en el Antimonumento instalado hace dos años en avenida Juárez.

Al momento, bajo el lema: “Ni perdón, ni olvido”, la vanguardia encabezada por integrantes y sobrevivientes de la matanza ya empezó a avanzar con destino a Palacio Nacional donde leerán su demanda por esclarecer el caso.

Los manifestantes también instaron a las autoridades a detener la militarización del país, que consideraron que está presente con más fuerza desde el traspaso de la Guardia Nacional a la Secretaría de Defensa Nacional (Sedena).

Diversas organizaciones han señalado que cuando menos hubo un centenar de muertos, decenas de desaparecidos y cientos de heridos, ya que la marcha convocó a unos 10.000 estudiantes.

A esa matanza se le considera uno de los episodios más violentos de la “guerra sucia” del Gobierno mexicano contra movimientos de oposición política y armada entre fines de los años sesenta y principios de los ochenta del siglo pasado.