"No ha acabado"
Entregan a Ceci Flores los restos de su hijo Marco Antonio

Hermosillo, Son.- No es el reencuentro que Ceci Patricia Flores imaginó. No hay abrazo, no hay cuerpo completo. "Ni mi hijo ni yo lo merecíamos", alcanza a decir. Pero, aun así, acepta la que, dice, es "la voluntad de Dios".
Afuera de los Servicios Médicos Forenses (Semefo) de Hermosillo, la líder del colectivo Madres Buscadoras de Sonora informa que durante dos días velará a Marco Antonio en Bahía de Kino, en la casa donde lo esperaron durante años.
Será un velorio abierto, un acto colectivo de duelo y resistencia. Llegarán personas de distintos puntos del país, madres, compañeras de lucha, familias rotas por la misma ausencia.
Pero incluso en este momento, la búsqueda no termina. "No ha acabado", afirma. Porque lo que encontró fue apenas una parte. Falta lo demás. Falta reconstruirlo, reunirlo, traerlo —aunque sea fragmentado— de regreso a casa. "Voy a buscar lo más que pueda de mi hijo. No me voy a rendir", asegura.
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La escena es devastadora: una madre que recibe restos incompletos y aún así promete volver al mismo lugar, ese sitio remoto y peligroso donde, hace tres años, estuvo a apenas 100 metros de él sin saberlo.
"Si hubiera vuelto, lo habría encontrado", recuerda. Pero no era el tiempo, dice, y se aferra a esa explicación para sobrevivir.
El hallazgo, reconoce, fue posible gracias a un trabajo coordinado con la Fiscalía General de Justicia de Sonora. Esta vez —subraya— no tiene reproches.
No busca justicia. No cree en ella. Tampoco busca venganza. "El mejor castigo para ellos es mi perdón", dice, firme. "Yo los perdono de corazón. Que sea Dios el que los juzgue".
Y cuando parece que el dolor ha alcanzado su límite, lo rompe con una nueva decisión: irse a buscar a su otro hijo, Alejandro, desaparecido hace diez años. Se trasladará a Sinaloa de forma permanente en cuanto despida a Marco Antonio.
Porque para Ceci Flores, encontrar a un hijo no cierra la herida. Apenas cambia su forma.
En medio de su duelo, también hay espacio para la denuncia. Cuestiona las cifras oficiales, la indiferencia institucional, pero también interpela a las familias que no buscan.
"Nadie merece desaparecer", insiste. Y recuerda que en Sonora hay miles de ausentes, pero pocas manos escarbando la tierra.
"Si mi hijo no hubiera desaparecido, no existirían las búsquedas", afirma la madre.
La imagen final no es la de una despedida, sino la de una continuidad: una madre que se lleva a su hijo en una caja pequeña, pero carga también una promesa enorme, la de seguir buscando, aunque duela, aunque falte casi todo, aunque el país entero parezca acostumbrado a la ausencia.
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