"Para el trabajo sexual no hay pandemia", dicen sexoservidoras en CDMX

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Para el trabajo sexual no hay pandemia, dicen sexoservidoras en CDMX

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Cada noche, antes de salir de casa, Jessica se encomienda al Divino Niño. Se fuma un cigarro, se despide de sus siete perritos Chihuahua, de su madre y se dirige a la esquina de las calles Francisco Olaguibel y Tlalpan, donde se dedica al trabajo sexual. Aunque lleva 15 años en el oficio, lo dejó durante el último año por una relación amorosa que fracasó. Al regresar, en abril, se topó con la ausencia de clientes por la pandemia de Covid-19, pero no dejó de salir.
"Para el trabajo sexual no hay pandemia, seguimos paradas, trabajando, la verdad es que sí ha bajado mucho el número de clientes, de 100% creo que ha disminuido 60%, pero una trabaja todos los días, todos los días como", dice a EL UNIVERSAL.
A la par, Jessica trabaja en la organización Agenda Nacional Política Trans, fundada por su amiga Érika Ivonne, donde brindan ayuda a compañeras de oficio.
En estos meses han repartido tarjetas con apoyos económicos a las trabajadoras sexuales y les otorgan 60 despensas semanales.
Mientras que durante el día se dedica a la organización, a las siete de la noche se enfoca al trabajo sexual. Sus tarifas pueden ser de 200 pesos por un oral o 500 por un trabajo completo que incluye sexo oral, penetración y quitarse un poco de ropa. Además, trabaja en internet.
"Una buena noche a veces te la hace una persona que consume drogas porque estás más tiempo, a lo mejor te da cuatro mil o cinco mil pesos. Una mala noche es como ahorita que está la contingencia, que no hay nada. Una mala noche es cuando te vas sin un peso a la casa".
En el lapso de cuatro horas que pasa en esa esquina, Jessica atiende a cuatro o cinco clientes. Cuando estos no tienen para el hotel, les brinda el servicio en su coche. Ahora, añade, los hoteles ya están abiertos, pero en los meses pasados recurrió a un cuarto que le prestó una amiga.
Cuando dejó el trabajo sexual fue porque su pareja se lo pidió. Duraron cinco años, pero el último se dedicó a trabajar en su verdulería; sin embargo, los reproches y los vicios de él comenzaron a afectarla y terminaron.
"Son celosos de que vas y te metes con otra persona, una les dice que es trabajo. Traté de cambiar la calle por él y no lo supo valorar".
Jessica no deja de lado algunos sueños, como comprar un departamento o hacerse una lipo, mientras tanto, divide sus días en ese edificio en el que, por las mañanas cuida a sus perritos y acompaña a su madre; por las tardes apoya a compañeras, y por las noches llega a esa esquina llena de vehículos y trenes.