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CIUDAD DE MÉXICO.- Pasantes de medicina en servicio social han sido asesinados, amenazados, golpeados, violados, acosados, asaltados, robados y privados de la libertad en los últimos dos sexenios. Sus verdugos: pobladores de comunidades, pacientes, autoridades y crimen organizado.
Pese al peligro que viven, al año son enviados cerca de 18 mil jóvenes a realizar su servicio social como médicos pasantes.
Las autoridades federales, estatales y municipales son omisas.
Consideran que son hechos aislados. Pero no lo son, responden a un modelo caduco, que no funciona y no vela por su seguridad e integridad.
Estudiantes, legisladores y organizaciones civiles coinciden en que el modelo debe replantearse. Ya sea al disminuir el periodo de un año a seis meses (como en la mayoría de carreras universitarias), o realizarlo en la misma entidad de la sede educativa y lugar cercano.
Este diario documentó 84 denuncias de agresiones y amenazas en 21 entidades contra pasantes, de 2007 a 2015.
De acuerdo con la repuesta a una solicitud de información vía Transparencia, la Secretaría de Salud (SSa) negó tener información. El IPN reportó 13 casos de enero de 2016 a agosto de 2017. La UNAM señaló que su función no es llevar un registro y la UAM no respondió.
Además, muchos de los afectados no denuncian por temor
a represalias.
Aunque la SSa señala que no existen datos, se observa un patrón en el abandono de plazas, que cada año crece. En 2011 se presentaron siete renuncias y para 2016 la cifra se disparó a 91.
Aunque no especifica las causas de muerte, otro oficio muestra 20 fallecimientos de pasantes en el periodo que realizaron su servicio de 2010 a agosto de 2017. Este diario registró cuatro más.


