Pueblos fantasma, trinchera del crimen

La guerra entre cárteles ha obligado al desplazamiento de comunidades enteras

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Pueblos fantasma, trinchera del crimen

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Madera, Chih.- La disputa entre los grupos armados al servicio de los cárteles de Juárez y de Sinaloa han provocado, desde hace un año, el desplazamiento de familias completas de las comunidades de Nicolás Bravo y Las Varas, en el municipio de Madera. 

Esas dos localidades, ubicadas al oriente de Chihuahua, hoy son dos pueblos fantasma y se han transformado en trincheras de grupos criminales.

Don Abisail Bojórquez Solano, habitante de la comunidad de Nicolás Bravo, narra que la violencia generada por los grupos antagónicos del crimen organizado provocó que las familias abandonaran sus casas. A unos metros, la comandancia seccional de la policía está en ruinas, fue tomada por Gente Nueva, brazo armado al servicio del Cártel de Sinaloa.

El señor, de avanzada edad, relata que tras la irrupción de ese grupo criminal a su pueblo, los habitantes fueron expulsados. 

“A unos los corren, a otros lo levantan y a otros les queman las casas y les dicen ‘te vas’, y al que no quiere lo suben y lo desaparecen”, explicó.

Incluso, señala que el presidente del seccional y Pablo Granados, del Consejo de Administración de este pueblo, tuvieron que huir, amenazados por el crimen organizado. Aquí no hay policía municipal, y los estatales hacen vigilancia aleatoria, explicó.

En esa misma situación se encuentran los habitantes de Las Varas, donde todavía están las huellas del ataque al cuartel de la Policía Estatal y un enfrentamiento de cerca de 10 horas entre sicarios de “El Jaguar” y del grupo criminal La Línea.

El ataque a la comandancia policial se registró el 24 de junio de 2018 y dejó un saldo de dos elementos asesinados a tiros, una patrulla calcinada y las instalaciones destruidas.

Un kilómetro más adelante, hacia El Maderal, días después, se enfrentaron por casi 10 horas los grupos antagónicos de La Línea y Gente Nueva que arrojó un saldo de 20 presuntos sicarios muertos de ambos bandos.

Las evidencias recabadas en las investigaciones arrojaron que los grupos criminales utilizaron fusiles de asalto, granadas de fragmentación y Barrett calibre .50.

Ese hecho originó que aumentara el pánico entre los habitantes, que varias familias más dejaran sus hogares y huyeran. “Ya nunca estamos tranquilos, nunca hay paz, siempre vivimos con miedo, nunca se quita el miedo. Es algo que te queda yo creo”, sostuvo la habitante del pueblo fantasma.