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San José, C. Rica.- Con el riesgo de perecer por asfixia, tres de los más importantes pulmones de América Latina y el Caribe: la Amazonia, el Tapón del Darién y la Reserva de la Biosfera Maya, se encuentran en peligro.
La alarma se volvió a encender desde hace más de tres semanas por los incendios que están devastando extensos sectores de la Amazonia, una jungla que es mundialmente clave por su capacidad de asimilar gases de efecto invernadero, lo que representa un amortiguador para el cambio climático.
Pero las amenazas también se ciernen sobre otras dos zonas que son cruciales, como el Tapón y la Reserva. Al describir que la pérdida de bosques en el Darién es de 11.6 hectáreas al día o más de 4 mil al año, el ministro de Ambiente de Panamá, Milciades Concepción, admitió que “eso es demasiado para una de las pocas provincias que tiene cobertura forestal y una rica biodiversidad”.
Después de la Amazonia, los bosques del Darién y los de la Reserva Maya, bordeada por México por el norte y el oeste, y por Belice por el este, ubicada en la norteña región guatemalteca de Petén, son el segundo pulmón más importante.
La Reserva y, en particular, la Laguna del Tigre, son acosados por mafias mexicanas del contrabando de droga, que provocan incendios para improvisar pistas clandestinas de aviación y recibir aeronaves cargadas de drogas. El gobierno guatemalteco denunció que una ola de incendios en 2017 en ese sitio fue ocasionada por pobladores contratados por los cárteles mexicanos de Sinaloa y Los Zetas.
El asedio también es de otras redes del crimen organizado, como las de traficantes de personas, armas, maderas preciosas o animales protegidos, por la apertura de trochas, la toma de terrenos y la incursión ganadera, según fuentes oficiales guatemaltecas.
Con 21 mil 602 kilómetros cuadrados, la Reserva es el espacio natural protegido más grande de Guatemala y abarca la mitad norte del departamento de Petén. El Parque Nacional tiene nidos de agua, lagunas, pastos naturales, bosques inundados, manglares, zonas con agua dulce y aves migratorias.
Por múltiples impactos, la cantidad de bosque bajó de 1.57 millones de hectáreas en 2000 a 1.31 millones en 2017.


