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CIUDAD DE MÉXICO.- Se podría decir que Quetzalcoatlán de las Palmas está en medio de la nada, pero no. Quetzalcoatlán de las Palmas, municipio de Zitlala, en la región Centro de Guerrero, está en medio de la violencia de grupos del narcotráfico que trabajan con Los Ardillos y un grupo de civiles armados autoproclamado policía comunitaria Paz y Justicia.
A este pueblo de nahuas se puede llegar en poco más de dos horas desde Chilpancingo, por Chilapa, sólo que Paz y Justicia mantiene el camino asolado. De modo que es más seguro por Copalillo, aunque más alejado, a cuatro horas y con una carretera rural muy agreste.
Hasta aquí han llegado algunos de los guerrerenses que han huido en los últimos años de la violencia. Desplazados que suman 12 mil 590 de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), aunque esta cifra contrasta con las locales: 528, según la Dirección General de Seguimiento, Control y Evaluación de Asuntos de Derechos Humanos del gobierno de Guerrero, y poco más de 2 mil, de acuerdo con la Secretaría de Gobierno.
Es mediodía y bajo el cielo descampado y el sol reinante, la tierra es yerma. La mejor sombra en medio de este caserío es la que da la iglesia.
Las únicas 16 familias, de 64, que quedan desde 2016, año en que fueron atacadas por Paz y Justicia, que mató a seis hombres, están reunidas en torno al templo. Tejen palma y cuentan en la voz de Salomón, cómo fue aquel ataque.
A este pueblo de nahuas se puede llegar en poco más de dos horas desde Chilpancingo, por Chilapa, sólo que Paz y Justicia mantiene el camino asolado. De modo que es más seguro por Copalillo, aunque más alejado, a cuatro horas y con una carretera rural muy agreste.
Hasta aquí han llegado algunos de los guerrerenses que han huido en los últimos años de la violencia. Desplazados que suman 12 mil 590 de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), aunque esta cifra contrasta con las locales: 528, según la Dirección General de Seguimiento, Control y Evaluación de Asuntos de Derechos Humanos del gobierno de Guerrero, y poco más de 2 mil, de acuerdo con la Secretaría de Gobierno.
Es mediodía y bajo el cielo descampado y el sol reinante, la tierra es yerma. La mejor sombra en medio de este caserío es la que da la iglesia.
Las únicas 16 familias, de 64, que quedan desde 2016, año en que fueron atacadas por Paz y Justicia, que mató a seis hombres, están reunidas en torno al templo. Tejen palma y cuentan en la voz de Salomón, cómo fue aquel ataque.

