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Ciudad de México.- El 16 de febrero de 2018, el pueblo de San Gregorio Atlapulco, en Xochimilco, experimentó una prueba de fuego. Dos albañiles (de los casi 100 que allí trabajan ahora) estaban en el techo de una de las 10 casas que reconstruyen tras el 19-S, cuando sobrevino el temblor de magnitud 7.2 que sacudió varios estados del país.
“¡Se mueven parejas!” dijeron al bajar. Era una buena noticia; significaba que la construcción resistente a sismos para damnificados que realiza la Fundación Slim en mancuerna con el Gobierno capitalino, era correcta, pues evitaba choques entre las edificaciones y por ende, su estrellamiento y destrucción. Por eso los albañiles e ingenieros que trabajan en este pueblo se han vuelto parte de la comunidad.
Cuando en enero pasado los predios ya estaban limpios tras su demolición, grupo Carso (y otras constructoras subcontratadas por ellos) enviaron personal para realizar estudios de suelo y determinar dónde iban a construir y qué edificarían. Sobre ello, determinaron tres prototipos de vivienda que están a la vista de los vecinos en una manta informativa colocada por la propia fundación a través de su grupo México Unido Sismos 2017.
Los modelos habitacionales tienen nombre: Esperanza, Unión y Fortaleza, todas con características resistentes a los sismos. La única diferencia entre ellas es el tamaño que varía según los datos de la propiedad del damnificado; y el tipo de suelo en que se ubique. Pero en general, las tres cuentan con dos plantas, sala, comedor, cocina, dos o tres recámaras, así como un baño completo y un medio baño.
Pese a que las casas aún no están terminadas, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, entregó a sus propietarios llaves simbólicas de las mismas y vales para amueblarla con refrigerador, horno microondas, estufa, lavadora, tinaco, colchón y vajilla.
“¡Se mueven parejas!” dijeron al bajar. Era una buena noticia; significaba que la construcción resistente a sismos para damnificados que realiza la Fundación Slim en mancuerna con el Gobierno capitalino, era correcta, pues evitaba choques entre las edificaciones y por ende, su estrellamiento y destrucción. Por eso los albañiles e ingenieros que trabajan en este pueblo se han vuelto parte de la comunidad.
Cuando en enero pasado los predios ya estaban limpios tras su demolición, grupo Carso (y otras constructoras subcontratadas por ellos) enviaron personal para realizar estudios de suelo y determinar dónde iban a construir y qué edificarían. Sobre ello, determinaron tres prototipos de vivienda que están a la vista de los vecinos en una manta informativa colocada por la propia fundación a través de su grupo México Unido Sismos 2017.
Los modelos habitacionales tienen nombre: Esperanza, Unión y Fortaleza, todas con características resistentes a los sismos. La única diferencia entre ellas es el tamaño que varía según los datos de la propiedad del damnificado; y el tipo de suelo en que se ubique. Pero en general, las tres cuentan con dos plantas, sala, comedor, cocina, dos o tres recámaras, así como un baño completo y un medio baño.
Pese a que las casas aún no están terminadas, el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, entregó a sus propietarios llaves simbólicas de las mismas y vales para amueblarla con refrigerador, horno microondas, estufa, lavadora, tinaco, colchón y vajilla.


