Robo de arte sacro, cotidiano e impune

La seguridad en las iglesias es un factor rebasado, lo que propicia que los hurtos queden sin castigo

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Robo de arte sacro, cotidiano e impune

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Ciudad de México.- Esa mañana, la persona que abría las puertas de la parroquia de Azcapotzalco se percató del vacío. Desierto, sin ápices de la reliquia colgante; sólo ausencia. El óleo de la Santísima Trinidad estaba perdido y de él únicamente quedaba el recuerdo de los fieles, una imagen y una carpeta en la Procuraduría General de Justicia (ahora Fiscalía) que podría sumarse a los casos de robo de arte sacro que quedan en la impunidad.

La Parroquia de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago fue el lugar donde en noviembre de 2019 se registró el hurto de una obra de arte del siglo XVIII, por lo que se abrió un expediente que hasta el momento no ha dado resultados.

La seguridad en las iglesias ha sido un factor rebasado, pues en la parroquia ocurrió el robo pese a tener un letrero en el que se advierte que hay vigilancia las 24 horas.

Algo similar pasó a inicios de 2019 en la catedral de Tenancingo, Estado de México, donde dos sujetos se quedaron durante la noche en el interior y se llevaron la corona de oro de la Virgen.

A este factor se suma que las iglesias no tienen la capacidad de revisar el flujo de visitantes, por ello una de las líneas de investigación es que hay personas que roban las obras por encargo, pues miembros de la comunidad han notado que hay quienes visitan en varias ocasiones los templos, toman fotografías de sus tesoros y poco después las obras desaparecen.

Se trata de un delito cuyos índices con exactitud se desconocen por completo porque se carece de un panorama real del robo y tráfico de arte sacro. 

Javier Martínez Burgos, investigador del Departamento de Monumentos Históricos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dijo que uno de los elementos que complica la interposición de denuncias es la dificultad de las comunidades para desplazarse a otros lugares donde haya una agencia de la Fiscalía.

El mayor problema para iniciar una denuncia es que se carece de información de las piezas para que se pueda levantar un reporte. Es decir, no se tienen detalles y hacen falta imágenes que permitan conocer las características de las piezas.

Entre el comercio 

ilegal y legal

En 2009, la Interpol aseguró que el comercio ilegal de las piezas de arte sacro en América Latina ascendía a 20 millones de dólares mensuales y, según Javier Martínez Burgos, museos y galerías propiciarían estas transacciones.

Realizar estas negociaciones está penado; en la Ley Federal de Monumentos y Zonas Arqueológicas se indica que al que pretenda sacar o saque de México un monumento sin permiso del INAH, se hará merecedor de cinco a 12 años de prisión y de 3 mil a 5 mil días de multa; y en el caso de quien ordene o financie las conductas descritas, se incrementará una mitad esas penas.

Luis López Morton, fundador de la casa de subastas que lleva su nombre, con una historia de 32 años y que ha realizado más de 2 mil subastas, coincide en señalar el problema que se ocasiona al no contar con catálogos e información sobre las piezas de arte sacro:

“En México no hay un registro que sea certero de lo robado o una lista con fotografías y que diga o precise si aparecen estas piezas que puede que hayan sido sustraídas de un templo, una iglesia o algún otro lugar. No se tiene ese registro al que, como en otros países, uno pueda entrar y revisarlo”, destacó.

Esta falta es lo que los ha llevado a trabajar con Art Loss, pues la plataforma, a la cual pagan una cuota anual para que les revisen los catálogos y subastas, les avisa si hay denuncias para que, si es el caso, se retiren las piezas y se proceda a arreglar la situación. “Una cuestión así en México no existe”, enfatiza.

En diciembre de 2018, la casa se vio involucrada en la oferta de unas esculturas del siglo XVIII de Santa Ana y San Joaquín que fueron robadas en 2001 de una iglesia de Puebla; en esa ocasión, los sujetos también se llevaron varias obras del siglo XIX y una pintura de San Francisco de Asís del siglo XVIII.

Sin embargo, fue gracias a Art Loss, servicio que tienen contratado desde hace tres años, que en Morton recibieron un aviso y se pudo detener el ofrecimiento de dichas piezas de origen ilícito.