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Diecisiete camionetas Chevrolet Suburban a prueba de balas esperaban en una ordenada fila ante la que fuera residencia oficial de los presidentes de México. Cerca había un Lamborghini Murciélago de 2007 y una camioneta descubierta Ford Shelby de 2016 con una cámara integrada en la parte delantera y una radio de mano junto al asiento del conductor.
Todos fueron subastados el domingo por el Instituto para Devolver al Pueblo lo Robado, el nuevo nombre de una rama del Ministerio de Finanzas encargada de vender propiedades confiscadas a sospechosos de narcotráfico o evasión fiscal, así como vehículos del gobierno y otras propiedades que ya no se utilizan.
El gobierno federal recaudó 28 millones 498 mil 300 pesos con la venta.
El objetivo el domingo era recaudar 30 millones de pesos con la venta de 82 vehículos, señaló Ricardo Rodríguez Vargas, director del instituto.
El dinero se enviaría a dos comunidades pobres en el estado de Oaxaca para mejorar carreteras, escuelas y otras infraestructuras. Las dos localidades se seleccionaron porque casi todos sus habitantes son pobres, señaló. Algunos de los vehículos a la venta llevaban 10 años acumulando polvo en almacenes del gobierno.
Fue la subasta con más asistencia en la historia del Ministerio de Finanzas, señaló Rodríguez, con 800 personas registradas para pujar. Por cada persona sentada en la zona de subastas, a la sombra de una carpa blanca, había al menos cinco fuera curioseando entre los vehículos, tomándose fotos con sus autos favoritos o viendo cómo subían las apuestas al otro lado de la zona acordonada para pujar.
Celebrar la venta en la antigua mansión presidencial era simbólico, señaló Ricardo Alvarado, investigador de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, un grupo supervisor.
“Utilizar un espacio característico al lujo de las administraciones anteriores sin duda es un símbolo de lo que pretende hacer este gobierno con la austeridad”, señaló.
Las Suburban blindadas, muchas de las cuales tenían al menos diez años, despertaron poco interés de los postores el domingo, pero hubo una dura competencia por tres sedán clásicos de Volkswagen -los escarabajos originales- y por los inmaculados Audi y BMW con asientos de cuero. También los más vistosos, como un Corvette naranja y un Chevrolet Camaro amarillo canario, lograron intensas pujas.
Hombres vestidos con chalecos amarillos pasaban entre los postores, coreando conforme subían las ofertas. Las paletas rojas se alzaban en el aire, animadas por una moderadora con un vestidito negro que animaba con advertencias como “¡No lo dejes ir!”.
El más caro fue la camioneta Shelby en rojo cereza con matrícula del estado de Sinaloa, de donde procede uno de los carteles de la droga más brutales. La camioneta totalmente equipada, que era una oficina virtual sobre ruedas con asientos de cuero y grandes retrovisores, se vendió por 1.9 millones de pesos.
Los postores que salieron victoriosos declinaron conceder entrevistas a la prensa, alegando motivos de seguridad.
Varios aspirantes a compradores, sin embargo, dijeron a The Associated Press que los vehículos se estaban vendiendo por encima de los precios de mercado. Eduardo Arbuto quería hacerse con el Escarabajo Volkswagen de edición especial de 2004, uno de los últimos jamás fabricados, por el equivalente a 7.500 dólares, pero el pequeño auto beige se vendió por 17.000 dólares.
Alejandro Santana, mecánico de vehículos de lujo, había viajado desde el estado de Durango con la esperanza de conseguir una camioneta o un Mini Cooper a precio de ganga. Se marchó con las manos vacías, describiendo las ofertas ganadoras como “muy altas”.


