A otra cosa mariposa

Se nos acabó otro año. Ya en unas horas se va el año viejo que no me dejó ni burra, ni chiva ni suegra. Es hora de la reflexión, y tomar unas copas y comer algo rico con quienes estemos. Tan poco tiempo y con tanto acontecimiento que cualquier recuento se quedaría corto. El fin de año es una forma arbitraria de empezar de nuevo, de hacer corte de caja, de repensarnos.
Ya casi nadie usa los calendarios con santoral que se colgaban en la pared, y que traían atrás de cada día algo para leer: una frase célebre, un cuento, una receta. Hoy casi todo mundo confiamos en el calendario del teléfono o de la computadora, pero la metáfora es válida: antes de arrancar la última hoja de ese calendario, conviene darnos tiempo para ver de qué nos sirvieron todas las hojas arrancadas.
López Obrador llegó con un nuevo estilo y con influencias y colaboradores de muy diversa calaña. De entrada ha hecho realidad muchas promesas de campaña, y ha marcado diferencias con sus antecesores. Consulta mediante, se canceló el aeropuerto de Texcoco; sin consulta, se inició el Tren Maya. Preocupan el manejo de la inseguridad (mediante el aumento de soldados en labores policiacas) y las reducciones presupuestales en áreas como cultura y educación, pero habrá que ver si se disminuyen los gastos superfluos, los compadrazgos y los negocios que había, o se puede hacer más con menos, como dicen y repiten los discursos oficiales.
La muerte de la gobernadora de Puebla y de su esposo, exgobernador y senador por el mismo estado, ambos panistas, justo la víspera de Navidad, ha provocado un debate intenso. Muchos ataques y fake news. Los que tendemos al “sospechosismo” nos hacemos muchas preguntas y esperamos resultados claros.
Buena parte de los votantes de AMLO son críticos, y ya se verá hasta dónde llega el nuevo gobierno. El perdón no es opción en muchos casos que son de conocimiento público. Ojalá los partidos políticos (incluyendo a Morena) sepan ver que no pueden seguir así, que tienen que cambiar.
Juan Gabriel no resucitó, ya pasó la fiebre de Baby shark y del Nanananá, y Thanos tronó los dedos (habilidad que desearía tener el presidente del norte).
En lo local, sigue la inseguridad aunque el PAN recuperó la capital del estado y evitó la reelección del PRD (por ahora: el hijo del expresidente se quedó con la coordinación de su partido en el Congreso federal); juran que habrá denuncias penales. Se fue una pésima legislatura y llegó una que no ha marcado la diferencia. Morena no tiene mayoría. Al tiempo, pero no parecen tener ganas.
En lo personal viajé mucho y vi lugares maravillosos de nuestro estado y de otras entidades. Platiqué con personas de esos lugares, me llené de historias para compartir. Me reencontré con amigos, supe de otros. De cerca o de lejos es genial tener a quien querer y que nos quieran, a pesar de todo. Dibujé y pinté.
Leí libros y textos de muy diverso tono, y muchas veces me gustaron más los de los participantes en los talleres que los de autores “consagrados”, los de moda o bendecidos institucionalmente. Por eso no confío en “esos” recuentos de los mejores libros de 2018, donde la amistad se impone.
Vi Roma, de Alfonso Cuarón, Coco (sí, apenas), de Disney y muchas más, incluyendo las de superhéroes. Visité exposiciones y museos, donde hay de lo muy interesante a lo que hace cuestionarnos qué es el arte.
Hubo regalos, brindis y sonrisas.
Y en lo político, me alegra coincidir con quienes coincido, y sentirme tan separado de quienes difiero. No me veo a su lado, porque no los veo defendiendo a los demás, sino a ellos mismos.
Lo dice muy bien Zygmunt Bauman en Miedo líquido:

“Puede que miremos en direcciones radicalmente distintas y que evitemos mutuamente nuestras miradas, pero parecemos hallarnos en el mismo abarrotado barco sin brújula fiable a la que recurrir ni nadie al timón. Aunque no rememos ni remotamente coordinados, nos parecemos asombrosamente en un aspecto: nadie (o casi nadie) entre nosotros cree (y, aún menos, declara) estar velando por sus propios intereses (es decir, defendiendo privilegios ya conseguidos o reivindicando un pedazo de los que le han sido negados hasta el momento).

Esta semana murió Amos Oz, escritor judio, otro de los eternos candidatos al Premio Nobel. Él escribió:

“creo en la literatura como puente entre los pueblos. Creo que la curiosidad tiene, de hecho, una dimensión moral. Creo que la capacidad de imaginar al prójimo es un modo de inmunizarse contra el fanatismo. La capacidad de imaginar al prójimo no sólo te convierte en un hombre de negocios más exitoso y en un mejor amante, sino también en una persona más humana”.

Empezaré el año con expectativas pero con esperanza, sin contratos laborales y sin algo fijo en mente, más que escribir, corregir textos y dibujar. Por ahora leo a Gabriel Celaya y espero las doce campanadas:

“A veces me parece que no comprendo nada,
ni este asfalto que piso, ni ese anuncio que miro.
Lo real me resulta increíble y remoto.
Hablo aquí y estoy lejos. Soy yo, pero soy otro.
Sonámbulo transcurro sin memoria ni afecto,
desprendido y sin peso, por lúcido ya loco…”

Sea que crean en alushes, árboles abrazables, alguien que nació en un pesebre, en el poder de los calzones rojos o amarillos, o en los brillos de alguna piedra preciosa, pásenla bien si pueden. Va un abrazo.

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