El que mucho habla,
mucho se equivoca
Refrán popular
La exposición continua de AMLO frente a los medios de comunicación, en sus conferencias matinales, creo que no le beneficia ni al país, ni siquiera al propio presidente, porque, a querer o no, mucho se desgasta la figura de un presidente que abusa de la verborrea y que nos receta a los mexicanos sus propios conceptos sobre moral, que no concuerdan con algunas de las decisiones que está tomando. No aporta datos duros que den claridad a sus acciones. No hay congruencia en su decir y su hacer. Dijo insistentemente en su campaña que su principal compromiso, de llegar a la presidencia sería acabar con la corrupción, y que la barrería como a las escaleras: de arriba para abajo. Pero hasta el momento no hay un solo corrupto ni de los de arriba de la escalera ni de los de abajo, sujeto siquiera a proceso judicial. En ningún país democrático del mundo se ha escucha do a un presidente o primer ministro decir que, en lugar de aplicar la ley, otorgará el perdón (o la amnistía como el la llama) a los corruptos que expoliaron al país. Y desde aquí le decimos también al presidente, que la ley no le da derecho a perdonar a los corruptos porque no le robaron su patrimonio personal, sino el de los mexicanos y en especial, el de los más pobres, que él dice defender. Si los perdona, pasaría a la historia no como un gran presidente, ni como un presidente justo, sino débil y encubridor.
La corrupción no se combate con medidas amorosas, ni solo con buen ejemplo. Ni dando abrazos a los corruptos, porque se mueren de la risa. Se combate poniendo ejemplo de la aplicación escueta de la Ley. No se tiene que meter a la cárcel a todos los corruptos como ha dicho él, “porque no cabrían”. NO. Bastaría con meter a los peces gordos, un par de docenas, a los que prevaricaron por cientos o miles de millones. Se sentaría el ejemplo y veríamos entonces sí, cómo la corrupción empieza a bajar, como por arte de magia. AMLO lo sabe bien: la solución NO es atacar la corrupción, sino atacar y eliminar la IMPUNIDAD. Y no parece que lo esté haciendo.
Con franqueza, dudo que alcance al 80% el número de ciudadanos que, según algunas encuestas, aprueban la actuación del actual presidente de la República. Creo que ese es un dato mediático para halagar el ego presidencial y justificar el costo del encuestador. Me parece que, a estas alturas, ya es bastante menor. Dice que las medidas que ha tomado para combatir el robo de combustible, ya le están ahorrando miles de millones de pesos a PEMEX, pero el costo de los daños que ha causado a la economía de toda la nación, a la marcha de las empresas, a los ciudadanos y a la inversión, con miles de contenedores que atiborran los patios de carga y las bodegas en los puertos de Lázaro Cárdenas y Manzanillo, todo provocado por pocos cientos de pseudomaestros de la CNTE, creo que rebasa con mucho, esos supuestos ahorros, que aún no se han cuantificado con exactitud, pero cualquiera que sea la cifra, resultará menor que el costo de los daños causados.
La señal que manda AMLO al avisar que no hará uso de la fuerza pública, como es su deber, para retirar el retén que realizan en las vías del ferrocarril los miembros del CNTE, es verdaderamente corrosiva para la confianza de cualquiera que piense en invertir en México, mexicano o extranjero, que optará por voltear a ver otros países en los que su inversión y su trabajo, tengan garantías. Con ello, se daña gravemente la creación de empleo y las posibilidades de bienestar para millones de personas en este país. Más grave aún, es que la imagen de México como destino de inversiones y generación de empleo sufre un duro golpe que se va a sentir en la marcha del país durante varios años, a menos que se reviertan pronto algunas de esas medidas. La inversión, ya se sabe, busca antes que nada, seguridad y ayer supimos que casi dos docenas de empresas maquiladoras en el norte del país, ya anunciaron su salida a otras latitudes fuera de México.
Paralizados miles de contenedores y muchos miles más de toneladas de alimentos y de insumos para las industrias, simbolizan un motivo serio de preocupación, porque las fotografías en los grandes medios de comunicación mundial envían la señal de que en México no hay Estado de Derecho. Si se añade el dramático espectáculo de las víctimas del estallido de ductos de combustible en el estado de Hidalgo, le estamos diciendo al mundo y a los propios mexicanos que en México no hay autoridad, ni orden, ni leyes que valgan. Aún si ahora, AMLO corrigiera algunos de sus errores, el daño al país, ya estaría hecho, porque la confianza se gana con mucho tiempo, trabajo y respeto. Pero se pierde en un minuto, con una declaración presidencial como la de que no actuará para retirar a quienes bloquean el traslado de mercaderías e insumos.
Las señales que manda AMLO, hasta ahora, van en el sentido de que màs que atacar la corrupción y la impunidad como lo prometió en su campaña, está en vías de instaurar un régimen dictatorial, con poderes omnímodos, sin nadie que lo contradiga, en el que se están anulando a toda velocidad los contrapesos y las instituciones que pueden hacer un balance en el poder político. Controla dos de los tres poderes federales y está en vías de introducir a sus incondicionales en el poder judicial, es decir en su órgano mas alto, la Suprema Corte y ya apunta también al control del Banco de México.
Con otras medidas que ya deja entrever, va por el INE y el INAI, con lo que anularía muchas de las instituciones y libertades que los mexicanos hemos conquistado en dos siglos de vida independiente. Ya hasta tiene su himno y empieza a transitar por los caminos del culto a la personalidad y a la exaltación de su ego, al más puro estilo de Stalin, Hitler, Mussolini, Mao Tse Tung o Fidel Castro, cuyos seguidores exaltaban su figura en inmensos carteles y recetaban repetitivos y cansados discursos.
alr020637@gamil.com
mucho se equivoca
Refrán popular
La exposición continua de AMLO frente a los medios de comunicación, en sus conferencias matinales, creo que no le beneficia ni al país, ni siquiera al propio presidente, porque, a querer o no, mucho se desgasta la figura de un presidente que abusa de la verborrea y que nos receta a los mexicanos sus propios conceptos sobre moral, que no concuerdan con algunas de las decisiones que está tomando. No aporta datos duros que den claridad a sus acciones. No hay congruencia en su decir y su hacer. Dijo insistentemente en su campaña que su principal compromiso, de llegar a la presidencia sería acabar con la corrupción, y que la barrería como a las escaleras: de arriba para abajo. Pero hasta el momento no hay un solo corrupto ni de los de arriba de la escalera ni de los de abajo, sujeto siquiera a proceso judicial. En ningún país democrático del mundo se ha escucha do a un presidente o primer ministro decir que, en lugar de aplicar la ley, otorgará el perdón (o la amnistía como el la llama) a los corruptos que expoliaron al país. Y desde aquí le decimos también al presidente, que la ley no le da derecho a perdonar a los corruptos porque no le robaron su patrimonio personal, sino el de los mexicanos y en especial, el de los más pobres, que él dice defender. Si los perdona, pasaría a la historia no como un gran presidente, ni como un presidente justo, sino débil y encubridor.
La corrupción no se combate con medidas amorosas, ni solo con buen ejemplo. Ni dando abrazos a los corruptos, porque se mueren de la risa. Se combate poniendo ejemplo de la aplicación escueta de la Ley. No se tiene que meter a la cárcel a todos los corruptos como ha dicho él, “porque no cabrían”. NO. Bastaría con meter a los peces gordos, un par de docenas, a los que prevaricaron por cientos o miles de millones. Se sentaría el ejemplo y veríamos entonces sí, cómo la corrupción empieza a bajar, como por arte de magia. AMLO lo sabe bien: la solución NO es atacar la corrupción, sino atacar y eliminar la IMPUNIDAD. Y no parece que lo esté haciendo.
Con franqueza, dudo que alcance al 80% el número de ciudadanos que, según algunas encuestas, aprueban la actuación del actual presidente de la República. Creo que ese es un dato mediático para halagar el ego presidencial y justificar el costo del encuestador. Me parece que, a estas alturas, ya es bastante menor. Dice que las medidas que ha tomado para combatir el robo de combustible, ya le están ahorrando miles de millones de pesos a PEMEX, pero el costo de los daños que ha causado a la economía de toda la nación, a la marcha de las empresas, a los ciudadanos y a la inversión, con miles de contenedores que atiborran los patios de carga y las bodegas en los puertos de Lázaro Cárdenas y Manzanillo, todo provocado por pocos cientos de pseudomaestros de la CNTE, creo que rebasa con mucho, esos supuestos ahorros, que aún no se han cuantificado con exactitud, pero cualquiera que sea la cifra, resultará menor que el costo de los daños causados.
La señal que manda AMLO al avisar que no hará uso de la fuerza pública, como es su deber, para retirar el retén que realizan en las vías del ferrocarril los miembros del CNTE, es verdaderamente corrosiva para la confianza de cualquiera que piense en invertir en México, mexicano o extranjero, que optará por voltear a ver otros países en los que su inversión y su trabajo, tengan garantías. Con ello, se daña gravemente la creación de empleo y las posibilidades de bienestar para millones de personas en este país. Más grave aún, es que la imagen de México como destino de inversiones y generación de empleo sufre un duro golpe que se va a sentir en la marcha del país durante varios años, a menos que se reviertan pronto algunas de esas medidas. La inversión, ya se sabe, busca antes que nada, seguridad y ayer supimos que casi dos docenas de empresas maquiladoras en el norte del país, ya anunciaron su salida a otras latitudes fuera de México.
Paralizados miles de contenedores y muchos miles más de toneladas de alimentos y de insumos para las industrias, simbolizan un motivo serio de preocupación, porque las fotografías en los grandes medios de comunicación mundial envían la señal de que en México no hay Estado de Derecho. Si se añade el dramático espectáculo de las víctimas del estallido de ductos de combustible en el estado de Hidalgo, le estamos diciendo al mundo y a los propios mexicanos que en México no hay autoridad, ni orden, ni leyes que valgan. Aún si ahora, AMLO corrigiera algunos de sus errores, el daño al país, ya estaría hecho, porque la confianza se gana con mucho tiempo, trabajo y respeto. Pero se pierde en un minuto, con una declaración presidencial como la de que no actuará para retirar a quienes bloquean el traslado de mercaderías e insumos.
Las señales que manda AMLO, hasta ahora, van en el sentido de que màs que atacar la corrupción y la impunidad como lo prometió en su campaña, está en vías de instaurar un régimen dictatorial, con poderes omnímodos, sin nadie que lo contradiga, en el que se están anulando a toda velocidad los contrapesos y las instituciones que pueden hacer un balance en el poder político. Controla dos de los tres poderes federales y está en vías de introducir a sus incondicionales en el poder judicial, es decir en su órgano mas alto, la Suprema Corte y ya apunta también al control del Banco de México.
Con otras medidas que ya deja entrever, va por el INE y el INAI, con lo que anularía muchas de las instituciones y libertades que los mexicanos hemos conquistado en dos siglos de vida independiente. Ya hasta tiene su himno y empieza a transitar por los caminos del culto a la personalidad y a la exaltación de su ego, al más puro estilo de Stalin, Hitler, Mussolini, Mao Tse Tung o Fidel Castro, cuyos seguidores exaltaban su figura en inmensos carteles y recetaban repetitivos y cansados discursos.
alr020637@gamil.com

