Este otoño van a suceder muchas cosas en nuestro país, algunas de ellas impensables. No sólo habrá ruidos y bombas noticiosas después del cambio de gobierno con un presidente que resulta esperanzador para la mayoría, igual continuarán ahora y antes del primero de diciembre.
Hay quienes se quejan ya de que no cambia todo lo que ven necesario, en tanto que otros sienten desmedidas las modificaciones. Una nación, claro, nunca podrá ser sustituida… y menos al gusto personal de nadie.
Es cuestión de ajustar o remplazar varias reglas e instancias importantes, pero no todas las instituciones o perspectivas en un plazo relativamente corto. Me queda claro que gobernar y transformar a México es mucho más complejo de lo que suponían AMLO y su gente, de modo que se deberían serenar ante la cruda realidad si quieren evitar costos adicionales.
“Bienvenido a la realidad, Andrés” le dice el curtido periodista Raymundo Riva Palacio (El Financiero, 20/IX). Y confirma que ya entendió que no existe dinero para sus ambiciosos proyectos y programas. Cuenta así con otras justificaciones. Vamos a ver.
Bueno, en el país hemos asumido aspiraciones básicas que vienen al caso y han sido procuradas por gobiernos en distintos sexenios Algunas se empezaban a materializar los últimos años aun en medio de una gran corrupción que tiende a afectar todo, pero de ninguna manera descalifica esos intentos válidos de transformación.
Lo peor es que, en la llamada cuarta transformación, se pretende que varios de esos cambios vayan para atrás… que se cancelen o sustituyan, pues. Digamos, no es comprensible en el conjunto de las reformas educativa y energética o con el principal aeropuerto del país.
Estos casos no deberán significar algo como volver a empezar o “borrón y cuenta nueva”, lo cual sería suicida: un costosísimo autogol con graves repercusiones por décadas. Los que llegan parecerían decir “aquí nomás mis chicharrones (mis cambios) truenan”, cuando podrían revisar bien los que ya están en proceso y hasta cambiarles de nombre, si quieren.
Todo ello surge, además, frente a tantos otros cambios o avances que se tendrían que asegurar o consumar: el combate eficaz a la corrupción e impunidad, los aumentos de productividad y salarios en un marco de crecimiento, la disminución significativa de la pobreza a partir de inversiones públicas y privadas que generen empleos productivos y mejor remunerados.
Debemos realizar los cambios necesarios que se descuidaron en los sexenios anteriores por negligencia e intereses particulares. Cuestionar hoy a Andrés Manuel López Obrador no implica avalar ni olvidar las fallas y omisiones en esos gobiernos priistas y panistas, sobre todo en el de Peña Nieto.
Sacar esto, oigan, vendría a ser una verdadera transformación en áreas críticas sin avances o en las que lo intentado ha sido insuficiente. Así se consolidaría también lo que México ha buscado e iniciado antes. Aun perfectibles, casi todas serían reformas o transformaciones progresistas, pero si lo esencial tendiera hacia atrás el futuro podría ser muy negativo.
Zanjar lo anterior no resultaría nada sencillo, y ya veríamos que de allí en adelante podrían hacer sus propios cambios. Miren, se trata de precisar y aterrizar qué es lo que cambia y en qué sentido. Nada más, nada menos.
Bien, Federico Reyes Heroles (Excélsior, 26/IX) subraya que el nuestro es un gran país muy complejo, con muchos logros (avances significativos, diría yo) y numerosos retos (descomunales pendientes, agregaría), según se quieran ver. Los transformadores de Morena no deben desechar todo lo que encuentran ni pretender la inversa de aquello que les disgusta.
Don AMLO es tan taimado y ocurrente que hasta se burla de los riesgos para la integridad física del Presidente de México (no serían de él, en lo personal), e insiste en degradar o echar de su empleo a funcionarios que prejuzga como flojos e ineptos.
El “mandamás y sabelotodo” ofende, agrede o excluye a partir de la soberbia del triunfo y con su vieja campaña en contra de empresarios, técnicos, intelectuales, fifís, burócratas, medios, sociedad civil,… Busca, concluye FRH, una presidencia “a su medida”. Pero alguien lo tiene que centrar.
En fin, me preocupa que la austeridad no necesariamente es honestidad y resulta menos relevante que la hoy relegada transparencia. La corrupción, ojo, no debería considerarse un problema de “moral” sino un verdadero desastre que afecta todo y es capaz de destruir la sociedad.
* INICIA XAVIER NAVA SU gestión en la Presidencia Municipal de la capital del estado. Van mis deseos para que sea mucho mejor que la que termina, con notables resultados y sin desestimar lo social… ahora por vías más sólidas y perdurables.
Los ciudadanos que tanto nos hemos quejado del populismo y la corrupción, deberemos entender sus esfuerzos y apoyar lo más posible.
* ENORME EL RIDÍCULO DE Trump ante el pleno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, al afirmar que su gobierno va muy bien… mejor que “casi cualquier gobierno en la historia de Estados Unidos”. Inusuales carcajadas y cuchicheos envolvieron el gigantesco recinto para jefes de Estado y de Gobierno de 193 países.
Luego aseguró que se rieron “con él”, pero era obvio que se reían de él. También le cuesta mucho aceptar lo que no le gusta. Si nos fijamos, igual les hablaba a los votantes de su propio país con miras a las elecciones legislativas de noviembre, aunque logró unir a las naciones del orbe en esas risotadas. Dijo que EUA es ahora “más fuerte, más seguro y más rico” que cuando él llegó al poder.
En un discurso conservador, nacionalista y anti-migración, resumió: “Rechazamos el globalismo. Adoptamos el patriotismo” (El Mundo, 25/IX). Por acá ya ni López Obrador dice algo así.
Y sería lo mismo si un líder mexicano tratara de pasarse de vivo en esos niveles e igual se creyera sus peores mentiras. Esa experiencia en la ONU puede verse como un aviso a AMLO de que la comunidad internacional se podrá reír de sus ocurrencias, pero los excesos traerían reacciones aún más serias y costosas.
De otro ángulo, en lo que respecta a su muro fronterizo Trump continúa atacando al Congreso por no asignarle recursos presupuestales para esta obsesión personal, pues parece claro que México ni siquiera habrá de considerar esa absurda idea en el actual gobierno o en el que sigue.
Hay quienes se quejan ya de que no cambia todo lo que ven necesario, en tanto que otros sienten desmedidas las modificaciones. Una nación, claro, nunca podrá ser sustituida… y menos al gusto personal de nadie.
Es cuestión de ajustar o remplazar varias reglas e instancias importantes, pero no todas las instituciones o perspectivas en un plazo relativamente corto. Me queda claro que gobernar y transformar a México es mucho más complejo de lo que suponían AMLO y su gente, de modo que se deberían serenar ante la cruda realidad si quieren evitar costos adicionales.
“Bienvenido a la realidad, Andrés” le dice el curtido periodista Raymundo Riva Palacio (El Financiero, 20/IX). Y confirma que ya entendió que no existe dinero para sus ambiciosos proyectos y programas. Cuenta así con otras justificaciones. Vamos a ver.
Bueno, en el país hemos asumido aspiraciones básicas que vienen al caso y han sido procuradas por gobiernos en distintos sexenios Algunas se empezaban a materializar los últimos años aun en medio de una gran corrupción que tiende a afectar todo, pero de ninguna manera descalifica esos intentos válidos de transformación.
Lo peor es que, en la llamada cuarta transformación, se pretende que varios de esos cambios vayan para atrás… que se cancelen o sustituyan, pues. Digamos, no es comprensible en el conjunto de las reformas educativa y energética o con el principal aeropuerto del país.
Estos casos no deberán significar algo como volver a empezar o “borrón y cuenta nueva”, lo cual sería suicida: un costosísimo autogol con graves repercusiones por décadas. Los que llegan parecerían decir “aquí nomás mis chicharrones (mis cambios) truenan”, cuando podrían revisar bien los que ya están en proceso y hasta cambiarles de nombre, si quieren.
Todo ello surge, además, frente a tantos otros cambios o avances que se tendrían que asegurar o consumar: el combate eficaz a la corrupción e impunidad, los aumentos de productividad y salarios en un marco de crecimiento, la disminución significativa de la pobreza a partir de inversiones públicas y privadas que generen empleos productivos y mejor remunerados.
Debemos realizar los cambios necesarios que se descuidaron en los sexenios anteriores por negligencia e intereses particulares. Cuestionar hoy a Andrés Manuel López Obrador no implica avalar ni olvidar las fallas y omisiones en esos gobiernos priistas y panistas, sobre todo en el de Peña Nieto.
Sacar esto, oigan, vendría a ser una verdadera transformación en áreas críticas sin avances o en las que lo intentado ha sido insuficiente. Así se consolidaría también lo que México ha buscado e iniciado antes. Aun perfectibles, casi todas serían reformas o transformaciones progresistas, pero si lo esencial tendiera hacia atrás el futuro podría ser muy negativo.
Zanjar lo anterior no resultaría nada sencillo, y ya veríamos que de allí en adelante podrían hacer sus propios cambios. Miren, se trata de precisar y aterrizar qué es lo que cambia y en qué sentido. Nada más, nada menos.
Bien, Federico Reyes Heroles (Excélsior, 26/IX) subraya que el nuestro es un gran país muy complejo, con muchos logros (avances significativos, diría yo) y numerosos retos (descomunales pendientes, agregaría), según se quieran ver. Los transformadores de Morena no deben desechar todo lo que encuentran ni pretender la inversa de aquello que les disgusta.
Don AMLO es tan taimado y ocurrente que hasta se burla de los riesgos para la integridad física del Presidente de México (no serían de él, en lo personal), e insiste en degradar o echar de su empleo a funcionarios que prejuzga como flojos e ineptos.
El “mandamás y sabelotodo” ofende, agrede o excluye a partir de la soberbia del triunfo y con su vieja campaña en contra de empresarios, técnicos, intelectuales, fifís, burócratas, medios, sociedad civil,… Busca, concluye FRH, una presidencia “a su medida”. Pero alguien lo tiene que centrar.
En fin, me preocupa que la austeridad no necesariamente es honestidad y resulta menos relevante que la hoy relegada transparencia. La corrupción, ojo, no debería considerarse un problema de “moral” sino un verdadero desastre que afecta todo y es capaz de destruir la sociedad.
* INICIA XAVIER NAVA SU gestión en la Presidencia Municipal de la capital del estado. Van mis deseos para que sea mucho mejor que la que termina, con notables resultados y sin desestimar lo social… ahora por vías más sólidas y perdurables.
Los ciudadanos que tanto nos hemos quejado del populismo y la corrupción, deberemos entender sus esfuerzos y apoyar lo más posible.
* ENORME EL RIDÍCULO DE Trump ante el pleno de la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, al afirmar que su gobierno va muy bien… mejor que “casi cualquier gobierno en la historia de Estados Unidos”. Inusuales carcajadas y cuchicheos envolvieron el gigantesco recinto para jefes de Estado y de Gobierno de 193 países.
Luego aseguró que se rieron “con él”, pero era obvio que se reían de él. También le cuesta mucho aceptar lo que no le gusta. Si nos fijamos, igual les hablaba a los votantes de su propio país con miras a las elecciones legislativas de noviembre, aunque logró unir a las naciones del orbe en esas risotadas. Dijo que EUA es ahora “más fuerte, más seguro y más rico” que cuando él llegó al poder.
En un discurso conservador, nacionalista y anti-migración, resumió: “Rechazamos el globalismo. Adoptamos el patriotismo” (El Mundo, 25/IX). Por acá ya ni López Obrador dice algo así.
Y sería lo mismo si un líder mexicano tratara de pasarse de vivo en esos niveles e igual se creyera sus peores mentiras. Esa experiencia en la ONU puede verse como un aviso a AMLO de que la comunidad internacional se podrá reír de sus ocurrencias, pero los excesos traerían reacciones aún más serias y costosas.
De otro ángulo, en lo que respecta a su muro fronterizo Trump continúa atacando al Congreso por no asignarle recursos presupuestales para esta obsesión personal, pues parece claro que México ni siquiera habrá de considerar esa absurda idea en el actual gobierno o en el que sigue.

