Carmen
El 11 de noviembre de 1873 nació en Puebla, Carmen Serdán Alatriste, una de las mujeres más interesantes en la historia política de nuestro país. Su nombre aparecerá siempre ligado al de sus hermanos, Aquiles y Máximo, y, en menor medida, al de su hermana, Natalia.
La familia Serdán era una familia como cualquier otra de su época. El padre murió cuando los hijos eran aún pequeños, por lo que Carmen, la mayor, tuvo que apoyar la crianza de sus hermanos, quienes, con el paso del tiempo, comenzaron a trabajar en el oficio de zapateros, hasta que Aquiles conoció en una reunión a Francisco I. Madero y quedó prendado de las ideas antirreeleccionistas. A partir de entonces, todos los hermanos mantuvieron un compromiso firme con las ideas políticas impulsadas en la causa maderista e incluso Carmen fue activa colaboradora en la impresión de documentos de difusión de la causa y escribió, bajo un seudónimo masculino, en diarios como El Hijo del Ahuizote y el Diario del Hogar, apoyando a Madero.
Llegado el momento, Carmen participó activamente pegando propaganda y repartiendo volantes, además de que ayudó a contrabandear armas y esconderlas para que el movimiento armado no careciera de herramientas de defensa, aunque estas acciones bien pudieron costarle la vida. A la par, estuvo involucrada en la Liga Femenil Revolucionaria, junto con las hermanas Narváez y Paulina Maraver Cortés. Hay que recordar que en aquellos años, las mujeres carecían de derechos políticos, por lo que su participación estaba enmarcada dentro de la búsqueda de condiciones de participación política a la par de los hombres.
Pocos días antes del llamado de Madero para levantarse en armas, el día 18 de noviembre de 1910, la casa de los Serdán fue brutalmente atacada por las fuerzas profiristas. Ellos resistieron el ataque, defendiéndose a plomo. La primera en hacerlo, fue Carmen, quien abrió la puerta de la casa y disparó a quemarropa al jefe de la policía. A partir de ahí los hermanos resistieron, hasta que Máximo fue muerto en la azotea de la casa y aunque Aquiles resistió escondido en un hoyo en el entrepiso de la casa, donde escondían armas, acabó siendo asesinado al tratar de huir. Carmen, que no dejó de arengar a la población desde los balcones de la casa, fue herida y llevada a prisión junto con la esposa de Aquiles.
Al salir de la cárcel, casi un año después, Carmen continuó involucrada con la lucha y, tras el golpe de estado de Victoriano Huerta, fue miembro de la Junta Revolucionaria de Puebla. En 1914 se adhirió a las tropas de Venustiano Carranza, trabajando como enfermera y organizando brigadas de atención médica, hasta que se promulgó la Constitución de 1917, que se retiró a la vida privada. Se mudó a la Ciudad de México, donde continuó trabajando como enfermera hasta su muerte, en 1948.
El día de hoy, o más bien, cuando usted lea esto un día después del su aniversario de nacimiento, me pareció justo dedicarle mi espacio a esta mujer que en ocasiones tiende a verse como apéndice de sus hermanos, cuando en realidad se ganó un papel protagónico por sí misma y es justo desmarcarla de ellos para reconocer que también las mujeres hicieron revolución.




