Centro histórico

Hace tres días escuché al arquitecto Eugenio Sánchez Soler recordar sobre su infancia: En el año 1948 iniciábamos nuestros estudios en colegio que se encontraba frente al jardín de San Miguelito; entonces, la mayoría de nuestros compañeros vivían en el centro. Aquí pasábamos mucho tiempo; conocimos cada una de sus casas y a cada uno de sus habitantes. Siempre volvemos al centro, recordamos y volvemos a nuestra infancia.
Coincido, es difícil pensar en nuestra ciudad y no pensar en su centro histórico. Constituye no sólo su corazón, sino también su esencia, y a pesar de su desmesurado crecimiento hacia todos los puntos posibles, el centro siempre representará ese punto al que queremos volver en algún momento por la cantidad de recuerdos que de manera individual o colectiva, nos guarda secreta o públicamente. Es nuestra Ítaca.
La evolución de los centros históricos estará siempre vinculada a la de su población y será un reflejo permanente de la de la propia ciudad y la de sus habitantes. Quizá eso pueda explicar en parte la mentalidad y forma de ser del potosino.
Pensemos, en origen un pueblo de frontera que de manera constante tuvo que defenderse de invasiones de indios mostrencos. Calles angostas, cuyo vecindario giraba en torno a la parroquia o a los templos circundantes. Luego, durante el siglo XIX una ciudad en permanente angustia por la presencia de ejércitos que aquí se formaban para salir a defender la patria. Dos veces capital de la República, y dos veces receptora de todos los problemas que eso implicaba.
Una ciudad con traza virreinal y fisonomía porfiriana; arquitectura al gusto del poder. Esplendor y poderío, dictados y mostrados por unos cuantos. 1913, año en que esos cuantos más otros todos, vieron caer en pedazos el entorno que habían construido física e imaginariamente a su gusto; entorno en el que se había formado su mentalidad. Así, la ciudad, el entorno, se muestran y descubren como parte de la mentalidad del potosino; dice el historiador Inocencio Noyola: la ciudad como actor social.
Bajo esos parámetros caigamos en cuenta que al menos hasta 1900, el actual centro histórico era prácticamente toda la ciudad. El poniente se encontraba limitado por las vías del ferrocarril, y representaban casi un dique que impidió por décadas, su crecimiento hacia aquel extremo; los extremos norte y poniente eran la antigua corriente, hoy avenida Reforma; el sur era delimitado por la zanja de los tepetates, frontera con el barrio de San Miguelito.
Unos cuantos habían comenzado a construir fincas de recreo, desde la segunda mitad del siglo XIX, hacia el poniente, saltando la Corriente, sobre el antiguo camino real al barrio de Tequisquiapan, pero no dejaba de ser un proyecto a largo plazo.
Las propuestas de modernidad y el crecimiento demográfico prolongaron la ciudad primero hacia el poniente, luego hacia todos los puntos cardinales, y el centro desde la década de los sesenta del siglo XX, comenzó a experimentar un éxodo habitacional. Hoy en medio de una anarquía urbanística, las nuevas colonias nos ofrecen todo tipo de mercancías y servicios, el centro histórico, sin embargo, continúa siendo el eje rector de la vida comercial y cultural de los potosinos.

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El pasado miércoles siete de noviembre, tuvo lugar la sesión del Consejo del Centro Histórico de la Ciudad de San Luis Potosí; evento coordinado por Gobierno del Estado y por el Consejo del Centro Histórico, que preside el ex gobernador Horacio Sánchez Unzueta. En ella, tal y como lo señalaba la invitación, se realizó la presentación de nuevas iniciativas para continuar con la rehabilitación del patrimonio monumental de nuestro centro, así como la promoción de sus actividades económicas, culturales, turísticas y de servicios que contribuyan a su regeneración.
En este evento, al que asistió también el alcalde Xavier Nava, se mostró como novedad –muy bien lograda, por cierto– la página electrónica https://centrohistoricoslp.com, en la cual se pueden consultar todas las propuestas y obras ya aterrizadas, dirigidas a alcanzar una satisfactoria mejoría en el rescate del centro histórico. Fue notorio que las múltiples facetas de esta estrategia permiten abarcar casi todos los campos de la administración pública estatal.
Más allá del evento, sin embargo, quedó claro que este evento logró demostrar un gran poder de convocatoria entre diversos sectores y filiaciones políticas. Fue, pues, una invitación que teniendo como eje rector el centro histórico, conlleve a cerrar filas en torno al gobernador.
Perfectamente comprensible fue la estrategia que –ahora sí, sin molesto protagonismos caciquiles– permitirá trabajar de manera conjunta al gobierno estatal y municipal. Esta oportunidad, no sólo salva el centro histórico, permite a Carreras rescatar –tras fallidos tres años– la siguiente mitad de su sexenio. Esto solo se logra a través de una mente visionaria y con gran capacidad política; bien por el artífice.
A pesar de que la nueva directiva de Comunicación Social de gobierno del Estado, no dio la difusión merecedora al evento, éste ha sido muy comentado, donde debía serlo. Supongo, que los que saben leer entre líneas y los avezados en lenguajes políticos, entenderán un poco más sobre el impecable evento, en el que no hubo café ni refrescos, pero se percibió un destape.

Dicen los que saben, y los que no, repiten, que hoy es sábado social; disfrútenlo pero no se excedan.