¿Cifras realistas?

“Debemos consultar nuestros medios más que nuestros deseos”. George Washington

No es un presupuesto desbocado. Andrés Manuel López Obrador es un presidente bastante cuidadoso con el dinero, incluso tacaño. Lo digo en el buen sentido de la palabra. Es positivo que tengamos un mandatario que cuida los recursos de los ciudadanos. Por eso los mercados han estado tranquilos después de que se dio a conocer el paquete. 

      Pero este presupuesto conservador no va a detonar un crecimiento rápido ni va a resolver muchos de los problemas que el mandatario quiere superar. El gasto neto pagado aumentará de 5.8 a 6.1 billones de pesos, un 0.8 por ciento real. El déficit crecerá 10.7 por ciento en términos reales, a 547 mil millones de pesos, lo cual tendrá que financiarse con nueva deuda, pero es un monto relativamente pequeño que equivale a 2.1 por ciento del PIB. 

      Quizá lo que más inquieta del presupuesto es que se sustenta en buena medida en un incremento de la producción de petróleo crudo de un millón 727 mil a un millón 951 mil barriles diarios. Es un aumento de 13 por ciento. Bloomberg ha señalado que México no ha registrado un aumento tan grande desde 1982, pero entonces estaba empezando la producción de Cantarell, el yacimiento más generoso de nuestra historia. Hoy no se ve un nuevo Cantarell, aunque el gobierno afirma que tiene 20 campos pequeños y medianos en aguas someras que podrían empezar a producir de inmediato. 

       Si la producción petrolera no aumenta lo que se prevé, el gobierno tendrá dificultades para alcanzar las demás metas del presupuesto. El crecimiento económico de 1.5 a 2.5 por ciento en 2020 parece también muy optimista. Una expansión así, después de las dificultades de este 2019, requeriría de un fuerte aumento en la inversión productiva. Pero de momento la inversión está cayendo y a un ritmo alarmante. En julio tuvo una contracción de 7.4 por ciento anual. 

     El actual gobierno ha cambiado los objetivos del gasto público. Su principal preocupación es repartir dinero en programas sociales con aportaciones directas a los beneficiarios, como el apoyo a adultos mayores y Jóvenes Construyendo el Futuro. No dudo de sus bondades, pero no son inversiones productivas que puedan generar crecimiento económico. Decir que estos programas no generan crecimiento pero sí desarrollo es jugar con las palabras. El crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo. 

      Quizá Pemex pueda incrementar su inversión y reducir su carga fiscal; pero si encauza una parte significativa de sus recursos a construir una refinería, que no estará lista en tres años y que difícilmente será rentable, estará perdiendo oportunidades de inversión en petróleo crudo, que es lo más urgente para la empresa. Estas decisiones pueden producir una baja en la calificación de Pemex con consecuencias muy negativas, porque aumentaría el costo de la deuda de la firma. Algo similar puede ocurrir con la Comisión Federal de Electricidad, que quiere hacer por sí sola inversiones que pudieron haberse licitado a empresas privadas sin aumentar su deuda. 

El crecimiento del gasto neto total de 0.8 por ciento real no es exagerado. Los ingresos totales, de 5.5 billones más una contratación de deuda de 584 mil millones de pesos, tampoco parecen insensatos. El problema es que todo el esquema depende de un crecimiento económico de alrededor de 2 por ciento y de un aumento en la producción petrolera de 13 por ciento. Las dos cifras parecen difíciles, si no imposibles, de alcanzar. 

Servicio a deuda

El costo financiero en 2020 será de 733 mil millones de pesos, lo cual es producto de la deuda contratada por gobiernos anteriores. Es bastante más que los 285 mil millones de pesos que habría costado el aeropuerto de Texcoco. Quien piensa que las deudas no tienen al final costos enormes, no entiende de economía. 

Twitter: @SergioSarmiento